
La serie de TV Héroes es, obviamente, deudora del cómic X-Men, incluyendo el cameo del dibujante Stan Lee como conductor del autobús que recoge a Hiro en su separación de Ando cuando éste decide que el camino que ha de seguir es solo. Pero aquí los héroes retratados en papel son mucho más humanos y están un poco más solos que en los personajes que se llevaron a la gran pantalla y, por supuesto, tienen menos medios económicos.
En la serie, nos encontramos con personajes que desean sobre cualquier cosa ser héroes para destacarse sobre una sociedad alineada (Hiro), personas que quieren ayudar a otras personas en busca del reconocimiento familiar (Peter), la adolescente que busca su verdadera naturaleza y su pasado (Claire), la persona que no acaba de aceptar quién es y de dónde viene (Niki) o simplemente el completamente inadaptado que sólo desea acumular poder ante una sociedad que le rechaza en busca de venganza. Cada uno de los personajes aparece retratado y con el suficiente fundamento para que cada espectador escoja su favorito, cada uno con sus miedos, necesidades y dudas y ante ello se enfrenta a sus poderes desde la aceptación, el aprendizaje o el simple rechazo.
Sobre el argumento, decir que los inicios son un tanto titubeantes como si los guionistas opinasen que el producto que tienen entre manos no pudiese superar el favor del público a pesar de que lo consiguió alentando el fenómeno fan. Sin embargo, esa falta de fe se traslada a una falta de argumento pasados las tres cuartas partes de la serie, entrando en una deriva que no parece favorecer en nada su desenlace. El objetivo de “Salvar a la animadora, salvar el mundo” se desdibuja dejando a los propios protagonistas sorprendidos por algo que esperaban que tuviesen un significado más profundo. El resultado es de perplejidad.
Por supuesto que la serie se deja cortejar por los tópicos. Una organización secreta y despiadada gobernada por una persona anciana que no es lo que aparenta, que si la tuviésemos enfrente lo último que opinariamos de ella es precisamente que es un tipo sin escrúpulos, pero así nos deja. No podemos olvidar la traición que la organización sufre por alguien que hasta ese momento había desarrollado sus funciones sin ningún contratiempo pero que finalmente lo cuestiona todo.
Desgraciadamente, a pesar de la buena tónica general de toda la temporada, el desenlace es apresurado e irreflexivo como si para ello no hubiese sido necesario el instaurar tanta tensión argumental que no se deja ir más allá de un enfrentamiento puntual resuelto de forma atolondrada y sin pulso dejando un mal sabor de boca de brocha gorda que tal vez no se mereciese.
En cualquier caso, probaremos suerte con la segunda.


Alaska, un pueblo cualquiera y la llegada de la noche durante un mes debido a las peculiaridades geográficas del lugar. Los vampiros no pueden dejar de aprovechar la situación y un grupo numeroso de ellos se darán el festín que todos imagináis. 
Después de una campaña de publicidad bien estudiada y estratégicamente enseñada por Internet nos llega a España