El dicho asevera: "La realidad siempre supera la ficción". Éste es un gran ejemplo. La recreación de los hechos del fatídico 11 de septiembre de 2001 se reúnen en esta película de una forma magnífica para ofrecernos un producto de un gran impacto visual y emocional que no va a dejar indiferente a nadie.
En United 93, no hay protagonistas principales, es una película coral que muestra las miserias y las grandezas de aquel día que todos recordamos. Se inicia con el momento de rezo y reflexión de los terroristas islámicos que van abordar y secuestrar el único vuelo que no llegó a alcanzar su objetivo mostrando escenas completamente normales. Por ejemplo, gente que espera haciendo cola en los puntos de embarque, las conversaciones cruzadas que se tienen entonces, los controles de seguridad, el embarque de los aviones. Se nos muestra un día normal hasta que todo comienza a cambiar.
En algunos aviones comerciales que sobrevuelan Boston y Nueva York, comienzan a escucharse peleas dentro de las cabinas. Al principio los controladores se muestran un tanto desconcertados, al fin y al cabo, hacía 20 años que no se secuestraba un avión en Estados Unidos, hasta que llegado a cierto punto los aviones sospechosos de haber sido secuestrados comienzan a desaparecer de los radares.
En aquel momento, 4.200 aviones sobrevuelan el espacio aéreo estadounidense, todos deberán tomar tierra, mientras el Presidente de los Estados Unidos se apresura a refugiarse, mientras que los militares andan más desconcertados que otra cosa sin saber exactamente qué hacer hasta que alguien de las altas esferas se lo indique.
La película se ha realizado con mucho respeto hacia los ocupantes del avión United 93, se ha nutrido de conversaciones reales que se grabaron durante aquel día y que desgraciadamente, por razones obvias, en el doblaje al castellano se han perdido. Tal vez hubiese sido aconsejable haber acudido a la versión original por una vez para escuchar el documento sonoro que representan las voces de aquel día. Por otro lado, el utilizar caras desconocidas a la hora de dar vida a los principales personajes da un punto de credibilidad a una historia que va en crescendo según avanza el metraje.
Las dudas y los miedos de aquel día nos van envolviendo hasta descubrir horrorizados que aquellos momentos fueron realmente trágicos y dramáticos, pero que, ante todo, tuvieron su momento de grandeza. Si en algún momento de la proyección oye gritos a los lados de su butaca no se espante, sus acompañantes en la proyección están sufriendo un acelerón de adrenalina mientras descubren horrorizados las difíciles situaciones que se dieron en aquel avion. Esta película, aunque algunos consideren que no debía haberse rodado tan pronto, nos acerca a los hechos y a las incógnitas de aquel día de una forma magistral y que recibirá como si hubiese recibido una bofetada. No se la pierda.

Dentro de la línea de pocas ideas que sacude a la industria estadounidense, los biopics son un elemento muy socorrido para tratar de atraer a los espectadores a las salas y seguramente tendremos muchos más en breve. En esta ocasión, le toca al complejo Johnny Cash y creo que hay rumores de uno de Bob Dylan, pero en esto yo veo un grave problema ¿cómo hacer una película de Dios sin reducirle a la Humanidad?
A estas alturas, es evidente que los espectadores están divididos. Se constituyen dos bloques claramente diferenciados: Los hay que les ha encantado la película, mientras que hay otros a los que no les parece nada del otro mundo. Para ahorrar disertaciones varias, os adelanto que yo soy de estos últimos, aunque era perfectamente consciente a lo que me enfrantaba cuando fui a verla.

Y volvemos a encontrarnos con la enésima adaptación de un videojuego al cine. Esta vez dirigida por