Privilege

Steve es recibido a su vuelta a Inglaterra como un héroe, con el mayor desfile de bienvenida jamás visto. Pero no se trata de ningún militar victorioso, líder político o religioso, sino de una fulgurante estrella de pop, seguido y admirado hasta el histerismo por la juventud inglesa.

En sus conciertos, se presenta esposado, enjaulado y maltratado por la policía -que no duda en golpear a sus enloquecidas fans-, exigiendo “su libertad” (interpretando la canción que en 1978 grabaría Patti Smith en su álbum Easter, “Privilege, Set me free”). Pero todo es un montaje, un entramado publicitario ideado por el equipo que dirige y controla su carrera como cantante -como si él sólo fuera una marioneta-, y que define su imagen, selecciona sus canciones y le utiliza para apoyar cualquier causa que le reporte el mayor beneficio económico posible.

La película británica “Privilege” (1967), dirigida por Peter Watkins, transcurre en los entonces futuros años 70, y simula ser un documental de un año de la exitosa carrera de un cantante pop, Steve Shorter.

Pero esto, claro está, es sólo una excusa de Watkins para mostrarnos lo fácilmente manipulable que puede llegar a ser la sociedad. Con falsas entrevistas al grupo de asesores, productores, promotores y demás parásitos que rodean a Steve, Watkins nos muestra la manipulación que sufre éste y, en consecuencia, que sufre su público y sus fans. Estos se dejan arrastrar por su fervor al cantante, tanto si se trata de la venta de un producto, como en su conversión en nuevo Mesías, en una exaltación del cristianismo y la bandera que raya el fascismo (con saludo nazi incluido).

Peter Watkins utiliza en esta película su ya habitual estilo de falso documental, que representa posibles futuros normalmente nada halagüeños. Un ejemplo destacado en su trayectoria profesional es el polémico “The War Game”  de 1965 (que intentaré ver en cuanto se me presente la primera oportunidad); un docudrama que, a pesar de ello, ganó el "Oscar al Mejor Documental" y que muestra las consecuencia de un ataque nuclear ruso en una típica ciudad inglesa.

El papel de Steve Shorter en “Privilege” es interpretado por Paul Jones, vocalista del grupo beat de los 60 Manfred Mann. Jones interpreta a la estrella del pop algo perdida y aislada en su burbuja medíatica, que se deja arrastrar sin demasiadas reticencias en todo el entramado que se monta a su alrededor, hasta que una pintora, Vanessa Ritchie (Jean Shrimpton), le lleva a cuestionarse su vida. A pesar de que la actuación de Paul Jones es bastante correcta, y sus cualidades como cantante complementan perfectamente su papel, quizá a su interpretación le falte transmitir el carisma que supuestamente posee su personaje y que le hace arrastrar multitudes.

En definitiva, se trata de una película altamente recomendable, por la forma tan clara en la que muestra la manipulación de las masas. Impresionante la primera actuación de Steve enjaulado y el montaje en torno a su “conversión” de estrella del pop descarriada a nuevo Mesías (con, sorprendentemente, un pasodoble taurino de fondo que ahora no recuerdo cómo se llama).

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"Bob Dylan: Don't look back" de D.A. PennebakerDe este documental, rodado en 1965, aunque publicado en 1967, durante la gira de Bob Dylan en Inglaterra coincidiendo con en el lanzamiento de su disco Bringing It All Back Home, no voy a realizar una crítica formal. Esto es así, puesto que considero que durante 40 años ya ha habido tiempo para que personas mucho más reflexivas, y tal vez con la cabeza más fría, realicen sus consideraciones; sin embargo, sí que voy a señalar porqué la visión de Don’t look back es necesaria para cualquier persona interesada en la figura de este cantante.

En cualquier caso, para los acabados de llegar al universo Dylan, les recomiendo que se pasen primero por el magnífico documental de Martin Scorsese No direction home, puesto que les dará una visión más profunda de la primera época de este cantante y les permitirá llegar a entender el momento que estaba viviendo en ese momento.

Entramos en materia y detallo el porqué del visionado de este documental:

  1. Porque se rueda en una fase de transición. Bob Dylan está cansado de que los demás alcancen el éxito en las listas de ventas realizando versiones eléctricas de su música folk. En la película, Dylan se demuestra interesado por las versiones que hacen otros de su música e incluso llega a interrogar a un grupo sobre los instrumentos que utilizan en sus conciertos para ello.
  2. Llega pensando en Donovan, el cantante está cosechando cierto éxito en Inglaterra, y no se detiene a la hora de hacer sus comparaciones tanto en el efecto de la prensa como en las ventas de entradas de los conciertos. Al final, él llenaría recintos mientras que Donovan apenas lo conseguía.
  3. Arrogancia ante la prensa. En algunas ocasiones, Dylan se muestra agresivo con los periodistas que le hacen entrevistas, toma una actitud completamente despectiva, en vez de dialogante con los comunicadores que se acercan a él. Un reflejo de toda una época.
  4. Se muestra a un manager trabajando para su representado. Ya se trate en las situaciones más incómodas (Escándalos en hoteles), en las negociaciones para tocar en la BBC, en los viajes o simplemente en la espera de la noche, Albert Grossman, se encuentra omnipresente en la película.
  5. Los acompañantes, principalmente Joan Baez y Bob Neuwirth, que no se detienen en sus chanzas con Dylan, aunque Baez desaparece a mitad del metraje sin la menor explicación. Tal vez la canción It’s All Over Now, Baby Blue, que Dylan interpreta aquí en la habitación de un hotel, nos dé una pista.
  6. Los conciertos y su preparación previa. Dylan aparece en chaqueta de cuero solo con su guitarra acústica, pero parece incómodo, como si supiese que ese ya no iba a ser su camino, aunque acomete todos sus conciertos con convicción en sus letras.
  7. Los fans. 1965 es el apogeo del fenómeno Beatle, obviamente el de Minnesota no sufre tantas persecuciones como los de Liverpool, aunque no dejan de ser muy incómodas las que se producen.

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"Enron, los chicos más listos del salón" El escándalo de la compañía eléctrica estadounidense Enron se ha cerrado con la muerte de su presidente Kenneth Lay, pero su impacto resultó mucho más grande del que nos podemos imaginar a este lado del mundo. De hecho, fue un escándalo por las relaciones de sus directivos con la Casa Blanca y concretamente con la familia Bush, añadiéndose algunos puntos oscuros por las relaciones con la banca y las empresas auditoras que debían velar porque no se cometiese fraude.

Es cierto que en Enron: los chicos más listos de la sala se nos suministra una cantidad de información excesiva para los neófitos de la economía capitalista, llegando en algunos momentos a abotagarnos con tantos datos que debemos asimilar en una hora y 45 minutos. Pero eso sí, lo hace de una forma sencilla y lo suficientemente clara para percatarnos de que el caso Enron fue todo un fraude en el que se perdieron millones de dólares, trabajos y fondos de pensiones de los propios trabajadores de la empresa que confiaron en sus directivos.

Lo más curioso es que todo comenzó con una periodista que rascó un poco sobre la estructura de una de las compañías más importantes y con mayor poder en Estados Unidos, pero lo que descubrió fue lo suficiente para que toda la estructura se viniese abajo como si se tratase de un castillo de naipes. La compañía que puso en jaque a una de las mayores economías del país norteamericano, los apagones de California se debieron en parte a la gestión de Enron, se descubrió de repente desnudo ante el pueblo y su caída fue ya irreflenable.

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Hay quienes pensarán: ¿merece la pena ver un documental de un tipo que se dedica a hacer una dieta de 30 días consumiendo productos de los restaurantes de comida rápida McDonald’s? Obviamente la sola idea es para ponerse enfermo, que es precisamente lo que le pasa a Morgan Spurlock, pero el documental Super Size Me no se basa tan sólo en la desquiciada dieta de comida basura a la que se somete su autor ante la mirada horrorizada de su novia vegetariana.

Y es que además de lo evidente, Spurlock va desgranando algunos datos, en ocasiones alarmantes, del american way of life que ha provocado que la sociedad estadounidense sea una de las más obesas del mundo. Podríamos pensar que uno de los fallos de la cinta es que no aporta ninguna de las consecuencias de esa vida… O sí, ya que él mismo se convierte en una cobaya de un experimento demencial que trata de ofrecer datos muy interesantes de una dieta basada en acudir una vez a la semana al McDonald’s (Lo que en EE.UU. no es infrecuente).

Y es que además de ganar peso de una forma desaforada, el estado de físico y mental de Morgan comienza a cambiar, sintiendo en ocasiones opresión en el pecho, depresión y desidia. Por otro lado, los médicos que observan su estado general a lo largo de los treinta días se muestran alarmados y el día 21 le aconsejan que abandone su experimento porque su hígado está claramente enfermo, sin embargo él se niega a abandonar hasta no llegar a los 30 días. Lo cual hace y sobrevive. 

Por otro lado, durante su experimento, Spurlock nos desgrana la situación general de la situación de los restaurantes de comida rápida en general en Estados Unidos, la variación del tamaño y de la cantidad de comida de éstos, la política que han desarrollado hacia un nuevo público objetivo (Los niños), etc. Pero además, incide en la planificación de los menús en los colegios públicos, la cantidad de dispensadores de bebidas refrescantes… Lo que hizo que el Gobierno de Estados Unidos se replantease la situación de los comedores y que se tratase de mejorar el tipo de dieta que se ofrecía a los estudiantes.

En fin, un documental recomendable si obviamos la dieta que adquiere su director, que obviamente no lleva a ningún sitio, aunque se trate de justificar hacia el final de la cinta, pero que nos ofrece un poco de luz sobre los restaurantes de comida rápida.

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El britpop es un género musical que nació a mediados de los años 90 que se caracterizó por la aparición de bandas que tomaban sus principales influencias de los años 60 y 70 como The Beatles o The Kinks. Durante su apogeo, fue increíblemente popular durante los años 1994 a 1996, sobre todo en Reino Unido, aunque fue criticado por su falta de originalidad.

El documental Live Forever realiza un análisis de aquella época en la que los nuevos grupos británicos parecían retomar el panorama musical mediante, principalmente, los comentarios de Liam y Noel Gallagher del grupo Oasis, Damon Albarn de Blur y Jarvis Cocker de Pulp.

En el documental, además del estudio del ámbito musical, las raíces sobre los que los grupos indies comienzan a fijarse en el grunge para evolucionar hacia lo que se constituiría como el britpop, también se estudian otros aspectos del movimiento como la relación de sus protagonistas con los medios de comunicación (no siempre positivas), con los políticos de entonces (especialmente Tony Blair), las drogas (esto no sorprende ya que los Gallagher eran politoxicómanos declarados) y ciertas posturas andróginas que parecían tener los cantantes de entonces (hilarante la entrevista de Liam sobre este punto, parece que quiera levantarse y comenzar a pegar al entrevistador).

Sobre el final de su movimiento, parecen contemplar con tristeza cómo el lanzamiento de Angel de Robbie Williams, marcado por el corte del britpop que la mercadotecnia supo hacer suyo, indicó su caída, aunque admiten que es probable que el lanzamiento del tercer disco de Oasis, Be here now, marcase el final de la época dorada de esta corriente musical.

En fin, un documental interesante para aquellos que siguieron y vivieron de cerca el nacimiento del britpop al que, sin embargo, se le hecha en falta cierta profundidad para comprobar lo que hubo antes y lo que ha habido después, que aunque se quiera obviar algo queda.

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El carismático director de documentales Michael Moore me vuelve a decepcionar. Si ya lo hizo con su anterior documental Bowling for Columbine, que sinceramente yo esperaba un producto muy superior al que vi, en este vuelve a caer en sus mismos errores. A pesar de lo que pueda parecer por su título,  éste no es un documental sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. De hecho, apenas se tratan los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York y el del Pentágono tan sólo se le menciona, se trata más bien, una crítica a las formas y a los modos del actual Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, durante su primera legislatura.

Moore se dedica a repasar las acciones más polémicas de su primer mandato, empezando incluso por su polémica elección como Presidente de los EE.UU. gracias a la rocambolesca situación de reconteo de papeletas en el estado de Florida (en el que su hermano Jeb Bush es Gobernador) y a la intervención de los jueces del Tribunal Supremo estadounidense. Posteriormente, el director nos conduce a los atentados de las Torres Gemelas y el Pentágono y, finalmente, llegamos a la Guerra de Irak a la que realmente dedica todo el corpus del documental. El problema es que las omisiones son tan increíbles que comenzamos a creer que Moore omite datos en su Fahrenheit 9/11 para que su crítica se convierta en demodelora, aunque en realidad lo único que consigue es diluirla.

La más flagrante omisión, por la parte que nos toca, es su enumeración de los países que tomaron parte de la Alianza de naciones durante la Guerra de Irak. Mientras va enumerando los países que apoyaron a EE.UU. en aquella guerra, obvia a dos de los más importantes: Reino Unido y España. Los amigos personales de George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar, no aparecen en la cinta olvidando el famoso Pacto de las Azores, por lo que también cabría incluir a Portugal. Por otro lado, cuando habla de las armas de destrucción masiva, que se supone que Irak poseía, no habla de la presencia de Colin Powell en el Consejo de Seguridad de la ONU presentando informes sobre ellas repletos de errores. ¿Qué pasa con Hans Blix? Pero es que también obvia Abu Ghraib, cuyos hechos se descubrieron en 2004,  donde las tropas estadounidenses cometieron algunas de las atrocidades más importantes por parte de soldados estadounidenses. 

Pero, claro, este documental es sobre George W. Bush, enumerar sus amistades saudíes, sus relaciones con la familia Bin Laden, sus fallos léxicos a la hora de pronunciar sus discursos, su falta de altura política cuando se estrellaron los aviones contra las Torres de Nueva York y tratar de juntarlo todo para que parezca un enchufado y un político muy torpe con mucha suerte o unas amistades muy poderosas.

Para mí, Moore sigue fallando en la profundización de temas, desea resultar tan rotundo que en ocasiones no conduce a ninguna parte, apuntando ideas sin rematarlas, por lo que Moore no consigue hacer un producto creíble al menos. Esperemos que en su próximo Fahrenheit 9/11½ disponga de mayor fortuna que la demostrada en estos dos trabajos.

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Muchos de vosotros habréis visto por diversas paginas web (Youtube, por ejemplo) los videos de Smith hablando sobre Superman y Tim Burton. Todos ellos corresponden al dvd “A evening with Kevin Smith”, que se centra en las conferencias que Smith dio en diversas universidades de Norteamérica, concretamente en cinco de ellas (Clark, Cornell, Indiana, Kent State y la de Wyoming).

Bien pues, durante casi cuatro horas veremos un montaje de las preguntas y respuestas realizadas en dicha “gira” por esas universidades durante el 2002.
Así, tanto fans como curiosos de este director podrán disfrutar y ver a Kevin en su vena más cómica y su gran capacidad oratoria para dar conferencias, pero también veremos su capacidad de improvisación y su buen humor.

Lo que nos encontraremos son preguntas hechas por fans de su filmografía y vida, con lo que sabremos de su obra y diversas cuestiones.
Para empezar podremos conocer como fue el rodaje de Jersey Girl y como consiguió Affleck su papel, o como se conocieron él y Scott Mosier (su productor) y las penas que paso el pobre Scott para conseguir presupuesto para “Persiguiendo a Amy”.

También hay un repaso sobre sus creencias religiosas y el factor del catolicismo en “Dogma”, sobre esta película Kevin nos habla de una divertida anécdota sobre las manifestaciones en contra. Dicha anécdota se centra en las vicisitudes de Kevin al ir a una de ellas y manifestarse también en contra, y como la televisión retransmitió esta misma manifestación.
Sobre “Persiguiendo a Amy” hay una interesante pregunta realizada por una alumna lesbiana que se centra sobre el contenido anti-homosexual de la película, con lo cual asistimos a una curiosa confrontación.

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