Keira Knightley parece abonada últimamente al cine romántico y de drama, después de su nominación al Oscar para Orgullo y Prejuicio, sin embargo no parece que su actuación haya vuelto a despuntar desde entonces. En Seda, dispone de un pequeño papel y no parece dispuesta a apostar por él, así que nos ofrece, de nuevo, una actuación correcta y discreta, resultado tal vez de una película pequeña y discreta.
Porque no vamos a encontrarnos grandes alardes en esta cinta dirigida por François Girard y que desde El Violín Rojo (1998) no se había situado tras las cámaras. Basada en la novela homónima y popular de Alessandro Baricco, cuya historia Novecento también fue llevada al cine, la película se convierte en un deambular contradictorio y plúmbeo en algunas ocasiones, desalentando al espectador, aunque lo que se buscaba realmente era lo onírico y bello.
Nos encontramos en la Francia de mediados del siglo XIX, la epidemia de la enfermedad de Pébrine, la enfermedad del gusano de seda que atacó a los huevos en los criaderos europeos a mediados de 1860, se extiende a ultramar, incluso los huevos de países tan lejanos como África y la India se ven infectados y todo el comercio europeo de seda parecía condenado a desaparecer. Baldablou confía la misión de viajar a Japón a Hervé Joncour (Michael Pitt), un oficial del ejército que se retira para esa misión, a la vez que contrae matrimonio con la profesora de escuela Hélène (Keira Knightley). Para llegar a su destino, debe atravesar Europa en trenes, hasta Kiev, y allí cruzará la estepa rusa con una caravana para alcanzar un barco que le lleva a Japón. Una vez en el país del Sol Naciente, encontrará un aliado que le ayuda a conseguir los huevos que necesita, pero también se sentirá atraído por una bella, silenciosa y enigmática mujer que le llevará de cabeza.
El resultado de la película es desigual, tiene un arranque interesante, pero comienza a perder fuelle a mediados de la película, cuando su interés va decreciendo hasta que el espectador sólo quiere que finalice. Los personajes están perfilados, pero la pareja Pitt y Knigntley no consiguen conjugar confianza y cercanía, mientras que la enigmática mujer desprende correctamente su magnetismo sin pronunciar palabra. Una película correcta, pero que se hace tediosa finalmente.

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