Juan Antonio Bayona debuta en el largometraje con “El orfanato” una película de género anclada en la narrativa más clásica de las historias de fantasmas, propias del gótico o la literatura decimonónica.
La historia nos acerca a la vida de Laura y su proyecto de abrir una residencia de discapacitados en una antigua casa que fue en la infancia un orfanato donde creció cuando era una niña. Así que Laura, su marido y su hijo Simón comenzarán este nuevo rumbo en sus vidas en tan misterioso orfanato.
Según pasan los días vamos viendo que Simón juega con unos niños imaginarios, hasta que Laura empieza a preocuparse por la psicología de su hijo y justamente en una fiesta que celebran en la casa, Simón desaparece sin dejar rastro. Comienza pues la lucha de Laura por encontrar a su hijo y ahonda en la existencia o no de esos niños imaginarios, el pasado del orfanato y otras más líneas de investigación que desembocarán en una resolución del paradero de su hijo y los aspectos sobrenaturales que perviven en el orfanato.
Como he comentado antes, la narrativa sigue los patrones clásicos del cuento de fantasmas, con los ruidos y ambientes propios del género. Pero el problema es que está tan explotado (y mucho mejor hecho) en otras tantas películas que “El orfanato” no aporta nada nuevo. Pero si fuera solo eso estaríamos ante un correcto y sugestivo film de terror, pero hay más ingredientes que hacen que la película caiga en el vacío, y pese a que parece promocionarse todo lo contrario sin descanso, como la falta de suspense y dramatismo en la historia. Toda ella esta llena de tópicos y recursos propios de telefilmes de sobremesa, tan artificiales y manidos que, por mi parte, nunca llego a sentir los personajes.
Laura, interpretada por una correcta Belén Rueda, es el único personaje definido, siendo todos los demás meras comparsas que aparecen en todo el metraje. Haciendo que la historia sea muy simple y bastante aburrida en su desarrollo.
Respecto al supuesto terror del film, es tan edulcorado, tan falto de sensaciones en crear ambientes, que es apenas insignificante. Porque en vez de crear esos ambientes propios de estas clásicas historias, recurre a efectismos baratos del género, veáse: subidas del sonido sin ton ni son, apertura de puertas sin equilibrarse en la historia, golpes de efectos incongruentes (como la furgoneta). Solo en determinadas secuencias logran tener esa calidad mínima para transportarnos en la sensación de tensión (como el experimento de los mediums, o el juego de Laura en la pared al estilo pollito inglés), pero por desgracia son momentos aislados.
A todo ello tampoco ayuda esas cucharadas de azúcar en todo el film que se acercan al melodrama barato, como esas escenas finales al estilo Peter Pan, tan bonitas y pastelosas; o los trucos tramposos en determinados momentos que no voy a describir por no destripar.
Lo único destacable es que esta rodada con cierto oficio formal, pero eso no es acicate para definirla como buena, y más habiendo tantas películas de este tipo de subgénero increíblemente buenas. Otros puntos interesantes son la interpretación de Belén Rueda y resultar pese a sus defectos una película entretenida a momentos, eso si, que se olvida nada más salir del cine.

Tu puntuación:



Coincido contigo Blake Doyle.
Para mí la palabra que define a esta película es: insípida.
No se la recomiendo a nadie.
Vaya, que despago, como la pintaban bien ya antes de salir.
Saludos.
Belén la has definido en una palabra.
Tastavins, es lo que suele pasar con el cine español, que se centran en promocionar una superproducción olvidando todo lo demás. Da igual que sea mala o regular (como esta película) la cuestión es hacer caja y para ello hay que ponerla por las nubes antes de salir.
Ojala hubieran promocionado películas españolas asi de bien como “Honor de cavalleria” de Albert Serra o “El silencio antes de Bach” de Portabella o “La soledad” o cualquiera de Felipe Vega, etc. Pero no, en fin.
Por cierto Saludos Tastavins que no se na de ti