Me encanta dormir, bueno, no sé si afirmar que me encantaba, porque, desde que he cambiado de trabajo, mi despertador biológico anda un tanto escacharrado y estresado. Como podéis imaginar, lo que peor llevo son los fines de semana, santa sanctorum del descanso. Esos días mi despertador biológico, un tanto alarmado por tanto descanso, suele despertarme los sábados a las nueve, mientras que los domingos es un tanto más clemente y lo hace a las diez, no sea que duerma demasiado. Si tenemos en cuenta que las noches anteriores puedo haberme acostado perfectamente a las 5 de la madrugada, creo que debería merecerme un descanso, ¿estamos?
Y es que cambiar de ritmo de vida es malo. Me gustaba trabajar por las tardes, tenía mis mañanas para mi, a pesar de que salir a las diez de la noche no te dejaban margen para casi nada, pero dormir, lo que se decía dormir, se dormía tranquilamente. Ahora, en ocasiones, me despierto alarmado, miro el reloj y descubro que son exactamente las 00:00, pienso que mi despertador se ha estropeado y que me tengo que levantar para ir a trabajar, pero entonces decido que soy yo el equivocado jugándome el todo por el todo, por si sólo hubiese dormido media hora y el loco fuese yo, por lo que trato de esconderme en el sueño como si la realidad no fuese plausible.
Actualmente, duermo de seis a siete horas, a veces mi despertador eléctrico se olvida despertarme, pero para entonces el biológico se atreve a hacerlo, y yo le perdono, porque se trata justamente de las 7:00 y aunque físicamente no pueda levantarme hasta las 7:30, el despertador no suena, aunque pienso que soy afortunado de que yo no duerma.