Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojalá.
Estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré.
Ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.

A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitir que taladre
un corazón podrido de latir.

Este pez ya no muere por tu boca
Este loco se va con otra loca
Estos ojos ya no lloran más por ti.

Joaquín Sabina en su disco Nos sobran los motivos

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Superman ReturnsAfirma Bryan Singer que ha realizado esta película pensando en la gente que todavía no tiene 25 años y que se supone que no ha visto las anteriores versiones cinematográficas. Lo que me pregunto es si será de agradecer que deje de lado a los padres que invitan a sus hijos a descubrir al personaje y a los nostálgicos como servidor. Desde luego que a las personas que no hayan tenido la ocasión de ver las anteriores aventuras de Superman con Christopher Reeve como protagonista, no les quedará el regusto que deja este film como simple refrito de, sobretodo, la primera. He de decir que en Superman Returns se le intenta dar profundidad a Kal-El como ser con sentimientos, pero lo cierto es que el producto final se queda en agua de borrajas.

Brandon Routh está correcto en esta cinta en la que sólo se le pide que ponga cara de Superman: Contenido en todo momento cuando vuela con el calzón rojo, completamente estúpido cuando es Clark Kent. En cuanto a Lois Lane, no sé, ninguna actriz me ha parecido a la altura de lo que se espera a la reportera del Daily Planet obsesionada con la obtención del premio Pulitzer, así que Kate Bosworth tampoco es que borde el papel. En cuanto a Lex Luthor, en esta película demuestra mucho su lado más inhumano y Kevin Spacey tampoco tiene que esforzarse mucho para demostrar completa frialdad que es lo que se buscaba. Así que si los actores están discretos, ¿nos queda el guión?

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Creo recordar que yo no tomaba café… hasta que llegué a la universidad y para entonces ya me estaba convirtiendo en un cafeinómano. Al principio, para tratar de evitar aquel sabor tan amargo, tomaba un cortado tras otro hasta poder llegar a las cinco dosis de cafeina diarias casi sin notarlo (La vida universitaria es así, hay que tomarse un café cada hora y media o cada dos). Pudiendo dormir por las noches como el que se ha ido tomando un sedante a lo largo de todo el día. Pero es que además pronto descubres que puedes tomarte un café completo sin adornarlo con leche. En principio con mucho azúcar, después lo vas recortando porque lo que realmente te agrada es el sabor del café.

Así que aquel sobrecito de azúcar con café que te tomabas, con el que escondías el verdadero regusto del café, pronto se convierte en un café de verdad, dejando en el fondo del sobre mucho más azúcar  del que en un principio abandonabas. Cuando eras pequeño no comprendías cómo tus padres podían abandonar aquel tesoro, aquel terrón suelto de los dos que componían el sobre, pero cuando pruebas el café, comprendes que el azúcar es lo de menos, cuanto menos azúcar muchísimo mejor puesto que el café es el completo protagonista.

Por supuesto que llega el momento en el que no tomas café porque te guste el café, sino porque realmente es un comportamiento social adquirido. Tomas (el infame) café en la oficina porque hay algo que tomarse mientras comentas el partido un lunes por la mañana o cómo va transcurriendo el trabajo a media tarde, tomas café para tratar de superar la atonía de la jornada laboral o porque has quedado con un amig@ que no veías en mucho tiempo y tomar un café es un acto casi supérfluo, no tiene mayor transcendencia. Al fin y al cabo, quedar es lo importante sin mayores compromisos.

Lo mejor de todo es que el café no es adictivo, lo es psicológicamente pero nada más. Mañana podría dejar de tomarlo sin ningún problema a pesar de la somnolencia que me acarrearía, siempre me podría pasar al té y donde pone café colocar . Pero es obvio que sobrecito de azúcar con té no tiene tanto encanto para titular este texto.

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