Vaya por delante que El Batallón Perdido es una telemovie, por lo que tenemos que bajar unos cuantos grados en la exigibilidad en criterios como la calidad estética de la imagen, vestuario, efectos especiales o, incluso, del guión. Después de su visionado queda todos estos aspectos quedan refrendados, pero aunque dispone de ciertas carencias típicas de las películas destinadas a la televisión, El Batallón Perdido tiene algunos aspectos positivos. El primero de ellos trata de los esfuerzos loables a la hora de representar fielmente lo que podría ser considerado el ambiente en el que los soldados de la Primera Guerra Mundial se movieron, las trincheras, los soldados ciegos por el efecto del uso de las armas químicas, sus protestas a la hora de utilizar armamento y uniformes de otros países y no propios, etc.

La trama relata un suceso protagonizado por los soldados de la División 77 del ejército de los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial en Francia que, debido a una serie de fallos en la comunicación y de coordinación entre el campo de batalla y el puesto de mando, abandonaron a su suerte una división completa que fue rodeada por las tropas alemanas y atacada en distintas ocasiones. Sin embargo, su negativa a rendirse y proseguir la lucha hasta las últimas consecuencias, propiciaron que sean recordados en la memoria colectiva estadounidense como un ejemplo de valor y sacrificio llevado a cabo por 500 hombres.

Al principio, podemos creer que nos vamos a enfrentar a una reedición de Senderos de Gloria, una película estupenda de Stanley Kubrick, sin embargo pronto descubriremos que la idea original de la película anda por otros derroteros. La impresión de los mandos alemanes que los soldados estadounidenses están un poco locos, que son imparables, etcétera extendiendo una imagen de cierta invulnerabilidad está demasiado remarcada, aunque se hace de notar que en la época aún existía un código en la guerra que había que respetar por los militares de graduación.

Como hemos indicado anteriormente, la recreación del campo de batalla es bastante adecuada y aunque las luchas son un tanto deficientes, ¿a quién se le ocurre salir de la trinchera para repeler un ataque enemigo?, son lo bastante correctas para que, al menos, intentemos creérnoslas. Sin embargo, este relato no tiene ningún transfondo, salvo el evidentemente propagandístico, y relatar unos hechos sin ningún tipo de reflexión y es ahí donde la película falla.

Pero claro, es un producto para televisión, así que no le pidamos peras al olmo…

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Push, Nevada

Written by Ciber(L)iada in Series

La pasada madrugada, con esa suerte que me caracteriza, me topé con una serie de televisión que estaba terminando su emisión. Tras unos momentos de incertidumbre, en que el estilo onírico de sus imágenes me despistaba sobre el argumento de la serie, me enganché sin remedio al capítulo y medio que quedaba para su fin.

Gracias a Internet y a los resúmenes que nos ofrecen los sitios web oficiales y extraoficiales, pude reconstruir el argumento de esta inquietante serie, co-escrita por Ben Affleck (actor y co-escritor en "El indomable Will Hunting") y Sean Bailey, y emitida en la televisión americana en 2002.

Todo empieza cuando un hombre consigue penetrar en la cámara acorazada de un banco sin ser detectado por las cámaras de seguridad, y logrando escapar con varias bolsas repletas de dinero robado por un agujero del desagüe.

Tras recibir un fax anónimo alertándole de lo sucedido, Jim Prufrock (interpretado por Derek Cecil), un agente federal de la Hacienda pública, se pone en contacto con el manager del casino Versailles, Silas Bodnick, quién en lugar de ayudar al agente se pone a la defensiva, sugiriéndole a Jim que se olvide del asunto. Ante esta actitud, el agente Prufrock decide partir hacia Push, un remoto pueblo en mitad del desierto, donde ha tenido lugar el robo. Allí se ve envuelto en los secretos del pequeño pueblo, una extraña relación con Mary (Scarlett Chorvat) -una chica que cobra por charlar y bailar con los clientes del Slo-dance Bar-,  y en un asesinato que se le imputa, bajo la continua amenaza del magnate local y unos extraños hombres trajeados.

Como sólo he visto el último capítulo y medio de la serie no puedo evaluarla en su totalidad, pero lo poco que he visto ha hecho que me quede con ganas de más. Su inquietante historia, su lenguaje visual a veces de western, a veces de videoclip, a veces incluso con connotaciones de ciencia ficción -sobre todo por el misterio que envuelve a los hombres trajeados (o eso me parecía en los primeros minutos cuando no entendía qué pasaba)-, atraen hacia una historia compleja que termina antes de lo deseado.

Y es que esta serie de televisión que se preveía constara de 13 capítulos, contó sólo con la producción de 7, dejando una historia sin rematar, multitud de cabos sueltos, además de un curioso proyecto de televisión interactiva resuelto precipitadamente. Porque este programa se concibió como una serie de misterio en la que la audiencia podía jugar, a través de pistas, y ganar el dinero desaparecido.

Aquí, desde luego, nos hemos perdido la oportunidad de jugar, al igual que yo me he perdido la mayor parte de la serie. Pero, siempre quedan las reposiciones…

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Juan Cruz admite que este libro es fruto de una toma de notas previas para un libro que finalmente no se llegó a editar del que iba a ser coautor, pero como finalmente resultó que el material recogido era ingente decidió llevar a cabo su estructuración y publicación. Ya existen libros sobre el periódico que nació con posterioridad a la muerte de Francisco Franco, sin pecado concebido gusta a afirmar Cruz, aunque éste dispone de una visión muy personal sobre la historia de El País.

El periodista y escritor estuvo desde el principio en la redacción de El País. Muy joven decidió que debía presentarse en aquella redacción que nacía y no dudó en viajar desde las Islas Canarias a Madrid para incorporarse en un periódico nuevo y no tuvo mayor problema en marcharse como corresponsal a Londres como primer destino. Como es de imaginar, Cruz tuvo que pelearse el puesto, principalmente con los políticos ingleses que desconfiaban del nuevo medio de comunicación, con sus compañeros corresponsales y con algunos problemas logísticos.

Desde luego que el relato de Cruz es apasionante y apasionado, centrándose principalmente en los primeros quince años de vida del diario trasladando la batalla de la democracia a la batalla del periódico por sobrevivir y llegar a la situación prestigiosa que actualmente posee en la prensa escrita española. El diario El País tuvo los suficientes arrestos para preparar sucesivas ediciones especiales durante el golpe de estado de febrero de 1981, pero también sufrir en sus carnes la lacra de la banda terrorista ETA al recibir correo bombas en la que hubieron fallecidos.

Así pues, el periódico El País bien puede erigirse en un símbolo para la sociedad española y su modernización post-franquista, su apertura internacional, su incorporación a la OTAN y a la Unión Europea, pero Cruz ofrece un relato demasiado personal como para resultar aséptico, aunque tampoco lo itenta. Dicen de él que es un polanquista convencido, tal vez aquí muestre sus cartas y a la vez que confiese sus errores a lo largo de su vida profesional como periodista, evitando los ajenos, algo que es comprensible.

En definitiva, un libro muy curioso para adentrarse en la historia de uno de los principales periódicos de la democracia española, inefable el relato de los números 0, pero que necesita alejarse un poco de su propia historia. Algo que Juan Cruz no llega a evitar hacer.

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Mi super-héroe favorito: Superman

Written by Dylan's Dog in Comics

En realidad, este texto trata de una reminiscencia de la infancia, ya que actualmente, como pueden dar fe mis compañeros de blog, mi interés por el mundo del cómic es casi nulo (Desgraciadamente para mí, por supuesto). Sin embargo, el personaje de Superman, también conocido como Kal-El en su faceta kryptoniana o como Clark Kent en su faceta periodística, permanece en mis recuerdos con cierta añoranza, además de dejarme como legado un baúl bien lleno con los “tebeos” de entonces.

Aprovechando el hecho de que este año Superman vuelve a estrenar película, Superman Returns, que se constituye en la quinta, este texto me sirve perfectamente para entroncar con aquel recuerdo y mis impresiones pasadas.

Efectivamente, Kal-El siempre lleva las de ganar, además de ser el bueno y como se sabe ellos nunca pierden, para algo es un semi-dios en la Tierra. Semi ya que algún que otro punto flaco tiene, y no se trata sólo de Lois Lane, ya que es especialmente vulnerable a la radiación que emite la kryptonita en sus distintos colores, aunque sólo una le resulta mortal: La verde.

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El 20 de abril de 1999 se produjo la famosa masacre del instituto de Columbine en Colorado (EE.UU.). Dos alumnos entraron en las instalaciones del centro educativo asesinando a trece personas e hiriendo a otras veinticuatro, aunque el balance final hubiese podido ser peor si las bombas que colocaron en distintas zonas del instituto no hubiesen fallado. Aquella matanza fue un completo mazazo para la sociedad estadounidense que no alcanzaba a comprender cómo unos chicos que pertenecían a la clase media habían decidido actuar de una forma tan cruenta y con tanta saña para después acabar suicidándose. Michael Moore trató de buscar sus razones en el documental Bowling for Columbine, mientras que Gus Van Sant nos da otro punto de vista completamente distinto.

La película Elephant se basa en los hechos de Columbine, sin embargo su relato no se ajusta a lo que realmente sucedió en 1999. Desde luego que ajustarse a la realidad no es completamente necesario para convencer al espectador de la historia que está viendo, además la apuesta del director es arriesgada, y mucho, pero el resultado final es muy sobresaliente.

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El carismático director de documentales Michael Moore me vuelve a decepcionar. Si ya lo hizo con su anterior documental Bowling for Columbine, que sinceramente yo esperaba un producto muy superior al que vi, en este vuelve a caer en sus mismos errores. A pesar de lo que pueda parecer por su título,  éste no es un documental sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. De hecho, apenas se tratan los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York y el del Pentágono tan sólo se le menciona, se trata más bien, una crítica a las formas y a los modos del actual Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, durante su primera legislatura.

Moore se dedica a repasar las acciones más polémicas de su primer mandato, empezando incluso por su polémica elección como Presidente de los EE.UU. gracias a la rocambolesca situación de reconteo de papeletas en el estado de Florida (en el que su hermano Jeb Bush es Gobernador) y a la intervención de los jueces del Tribunal Supremo estadounidense. Posteriormente, el director nos conduce a los atentados de las Torres Gemelas y el Pentágono y, finalmente, llegamos a la Guerra de Irak a la que realmente dedica todo el corpus del documental. El problema es que las omisiones son tan increíbles que comenzamos a creer que Moore omite datos en su Fahrenheit 9/11 para que su crítica se convierta en demodelora, aunque en realidad lo único que consigue es diluirla.

La más flagrante omisión, por la parte que nos toca, es su enumeración de los países que tomaron parte de la Alianza de naciones durante la Guerra de Irak. Mientras va enumerando los países que apoyaron a EE.UU. en aquella guerra, obvia a dos de los más importantes: Reino Unido y España. Los amigos personales de George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar, no aparecen en la cinta olvidando el famoso Pacto de las Azores, por lo que también cabría incluir a Portugal. Por otro lado, cuando habla de las armas de destrucción masiva, que se supone que Irak poseía, no habla de la presencia de Colin Powell en el Consejo de Seguridad de la ONU presentando informes sobre ellas repletos de errores. ¿Qué pasa con Hans Blix? Pero es que también obvia Abu Ghraib, cuyos hechos se descubrieron en 2004,  donde las tropas estadounidenses cometieron algunas de las atrocidades más importantes por parte de soldados estadounidenses. 

Pero, claro, este documental es sobre George W. Bush, enumerar sus amistades saudíes, sus relaciones con la familia Bin Laden, sus fallos léxicos a la hora de pronunciar sus discursos, su falta de altura política cuando se estrellaron los aviones contra las Torres de Nueva York y tratar de juntarlo todo para que parezca un enchufado y un político muy torpe con mucha suerte o unas amistades muy poderosas.

Para mí, Moore sigue fallando en la profundización de temas, desea resultar tan rotundo que en ocasiones no conduce a ninguna parte, apuntando ideas sin rematarlas, por lo que Moore no consigue hacer un producto creíble al menos. Esperemos que en su próximo Fahrenheit 9/11½ disponga de mayor fortuna que la demostrada en estos dos trabajos.

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Paul Auster vuelve con su nueva novela “Brooklyn Follies” a deleitarnos con la psicología de sus personajes, sus sentimientos y en definitiva de los pequeños detalles que conforman nuestra vida.

La historia se centra en un eje formado por tres personajes : Nathan Glass, un jubilado, separado y con una hija, que se recupera de un cáncer y decide volver a su barrio de infancia en Brooklyn ; Tom, sobrino de Nathan y trabajador de una librería de lance; y por último Harry, un homosexual, jefe de la librería y con un pasado desde luego nada aburrido.
Así pues, sus caminos se entrecruzan y forman un grupo de amistad, reuniéndose para almorzar y contar sus historias y sus sentimientos. En una de sus conversaciones hablan del Hotel Existencia un lugar donde vivir con plena libertad.

“Brooklyn Follies” es una novela fresca y mucho más ligera que otras anteriores. En ella destaca el humor y la tragedia como partes integrantes de la vida. Pero sobretodo remarca los pequeños detalles que conforman nuestra vida y como nos afectan.
Conoceremos a través de los personajes principales diversas historias de mucha gente : desde la hija de Nathan hasta varios ramos de su familia – Tom, la mujer de Nathan, la hermana de Tom, la hija de la hermana de Tom, etc.-

Este mosaico conforma un glosario bastante logrado del amor en sus diversas facetas (pasional, platónico, pausado, etc.), de las ganas de vivir y de las personalidades tan diferentes y necesarias que conforman este mundo.
Auster entremezcla como el solo sabe hacer las psicologías de los diversos personajes, dándonos poco a poco la información que él quiere, y haciendo que el lector pase cada página con una vorágine total. Además, la mezcla de historias de todo tipo – desde cómicas, melodramáticas o trágicas- conforman un rico tapiz de las vicisitudes de los distintos personajes, tanto secundarios como principales (desde la historia de la camarera hasta la del dueño del hotel, o la de los dueños del taller, o la madre perfecta, Rufus, la historia de Kafka y la muñeca que es memorable  y un largo etcétera).

En definitiva, Auster nos conmueve con la diversidad de historias y nos trae un mensaje bastante positivo de la vida (actitud vital de superación) y el disfrutar de ella, si bien sin olvidar las tragedias unidas a ella. Totalmente recomendable, aunque con estructura narrativa ligera y de dialogos (tipo Smoke) y alguna subtrama demasiado teatral.

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