Brad Pitt, Orlando Bloom, Eric Bana… un reparto grandioso para una película grandiosamente larga. Ésta es la consideración final que me queda tras el visionado después de dos horas y media casi plomíferas de la nueva adaptación hollywoodiense de La Ilíada de Homero, Troya. Desde luego que no voy a entrar en las consideraciones que se realizaron entonces sobre si los productores se ajustaron a la realidad histórica de entonces (clamorosamente falsa con el número de barcos que se desplazan desde Grecia a Troya) o simplemente la obviaron para garantizar el espectáculo, lo que es exactamente lo que se ha buscado.

Los espectadores que se plantearon la película como simple espectáculo, o para pasar el rato, acertaron puesto que poco se puede decir de una película que está hueca de espíritu. Se trata de una película plana que le falta corazón, Helena de Troya es una comparsa que simplemente sirve para iniciar una guerra, posteriormente poco sabemos de ella, Paris queda como un cobarde al que su hermano tuvo que salvar por no saber aceptar su destino, mientras que Aquiles es una persona contradictoria, condenado a un destino que desea y no rechaza como si estuviese condenado a él. En el fondo, todos nos parecen un poco estúpidos que se mueven por impulsos que desconocemos totalmente. La conclusión podría haber sido: Están locos estos griegos.

Troya es ni más ni menos que una película de asedio a una ciudad y ahí se queda. No esperemos tratamiento de los personajes, apenas se nos concede el conocer la ciudad o sus gobernantes, nos ceñimos a las batallas, al espectáculo, que se desarrollan limpiamente (Es decir, sin escenas escabrosas). Y las batallas tampoco son nada espectacular, de hecho importantes, se desarrollan tres, sin embargo carecen de épica y para el espectador se encadenan una detrás de otra sin motivo aparente consiguiendo aburrir y tan sólo esperando cierto desenlace que se deja entrever rápidamente.Cuando no hay batallas y es la trama la que debe de fluir, disponemos de muchos tiempos muertos, que nos muestran atuendos y peinados de diseño sacados directamente de pasarelas de moda.

Podría ser una película para pasar el rato, pero debido a su extensión, preferiríamos buscarnos cualquier otra actividad antes de acabar completamente aburridos esperando el fin de Aquiles, que es a lo que se reduce toda la obra. Una lástima.

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Ayer vi Bowling for Columbine. Es posible que yo fuese uno de los pocos que no fueron al cine a verla en su momento (Atención: Un documental exhibido en un cine comercial, un punto para Moore), ganas no me faltaron, pero uno va encontrando otras ocupaciones y preocupaciones y lentamente olvida que el documental está en cartel, hasta que finalmente desaparece. ¿Y qué podría hacer yo? ¿Esperar a que la echen por la tele? Pues no señor.  Sinceramente, me alegro de no haber ido al cine y haber pagado la entrada. Sé que es un tanto arriesgado afirmar esto puesto que mucha gente que la vio estaba encantada con ella, sin embargo he de decir que este documental no me ha aportado nada. La cinta tiene un arranque impactante. Michael Moore acude a un banco para conseguir un rifle. De hecho es que se lo relagaban por abrir una cuenta bancaria, en España dan relojes de momento, aunque la escena ya de por sí rocambolesca se convierte en humorística cuando le hacen rellenar un formulario en el que se le preguntaba si era deficiente mental. Ya sabemos que los formularios estadounidenses son un poco rocambolescos, como el famoso que se realizan en los aeropuertos tras el 11-S: ¿Es usted terrorista? Aquel también lo era, sin embargo posteriormente todo comienza a decaer, a hacerse lineal, tratando de abordar muchos temas, sin llegar a nada. Agua de borrajas. Moore utiliza los asesinatos del Instituto de Columbine para adentrarse dentro del aprecio que tienen los norteamericanos por la posesión de armas. Sin embargo, no nos indica ni nos guía hacia la comprensión de ello. Comienza señalando que es sencillo obtener armas en Estados Unidos, que el culto a las armas de fuego proviene de la segunda enmienda norteamericana [Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas], pero en ello se queda. Vemos imágenes de los dos adolescentes de Columbine disparando dentro del Instituto, nos muestran llamadas a los servicios de emergencia que se realizaron desde el instituto aquella mañana, recogen testimonios de chicos que estudiaron con aquellos dos adolescentes que acribillaron a gente que veían todos los días y, sin embargo, poco más podemos saber de ellos. Sabemos que jugaron a los bolos aquella mañana antes de acudir al instituto, y sabemos que se suicidaron antes de que la policía entrase en el edificio. Pero, ¿qué más hay debajo de todo ello? Desde luego que el documental tiene momentos brillantes como la entrevista al cantante Marilyn Manson que fue endemoniado por la sociedad estadounidense porque los estudiantes lo escuchaban, pero como se indicó en el documental también jugaban a los bolos. El acceso a las armas les facilitó aquello que hicieron aquella mañana, sin embargo debería haber mucho más dentro de la psicología de aquellos adolescentes que decidieron realizar una misión suicida en su instituto sin objetivo aparente. El último ejemplo expuesto por Moore, el de un niño de seis años que mató a una compañera del colegio en Flint simplemente porque en casa había un arma que se llevó a clase, también está un tanto vacío. El arma era de su tío, su madre tenía que pasarse todo el día fuera de casa para trabajar, y sin embargo el niño consiguió el arma y se la llevó a clase. ¿Su madre podría haberlo evitado si no hubiese estado trabajando? Finalmente, la entrevista que Moore tiene con el presidente de la NRA es un tanto lastimosa. Primero porque Charlon Heston es un anciano y obviamente fue conducido a Columbine y a Flint después de los asesinatos porque el cargo (Léase poderes fácticos) le obliga a ello, pero no parecía muy orgulloso de lo que hizo entonces. Moore no nos aporta datos sobre Heston, porqué es presidente de la NRA, si es de extrema derecha, quién le apoya, porqué seguir con la causa, etc. Moore encadena hechos y datos, pero nada más, no profundiza, no llega a la raíz ni nos muestra las historias tal como sucedieron. Se queda en lo impactante, lo obvio y la superficie. Sinceramente esperaba más de algo de lo que se habló mucho.

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Éste es un ejemplo más de la falta de ideas que sufre la Academia de Hollywood y que ha sido más o menos suplantada por la renovación de ideas que ha aportado el cine asiático de terror. De hecho, esta película es un remake de 13 Ghosts rodada en 1960 que tampoco tuvo demasiada fortuna a la hora de ser realizada, pero no adelantemos acontecimientos

13 fantasmas podría haber sido la típica película de fantasmas y casas encantadas, pero en este caso se decide dar una vuelta de tuerca más a este tipo de historias. En esta película, la acción se desarrolla dentro de una casa que sirve de prisión a una serie de fantasmas cuyo fin, el de la casa claro, es ni más ni menos poder realizar un conjuro para conocer el futuro. La casa ha sido planificada y construida para servir de cárcel a 12 fantasmas, cada uno con unas características propias, que serán liberados en el momento preciso. Por supuesto que la casa se encuentra repleta de conjuros para limitar los movimientos de los fantasmas dentro de ella, además de tener una serie de mecanismos para ir cambiando su disposición y la de sus habitaciones. Ahora bien, si es una casa para realizar un conjuro, ¿para qué diseñar un baño o una biblioteca?

Al menos, lo que sobresale en esta película es el delicado diseño de los distintos fantasmas que es en realidad lo más destacable de ella, además del diseño de la mansión, sin embargo poco más se puede decir en positivo puesto los fantasmas son meros monstruos asesinos más que de unos fantasmas al uso. Así que los fantasmas no sirven para asustar realmente, sino tan sólo para sobresaltar, para mayor desgracia de la película se le trata de dar golpes graciosos a la acción que producen cualquier cosa menos risa. A destacar el plano en el que el abogado es partido en dos de forma vertical.

En cualquier caso, una película olvidable que si bien sirve para pasar el rato, no posee una trama excesivamente conseguida.

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Mucho se ha hablado de la novela homónima de H.G. Wells, se ha revisado y revisitado de muchas formas y ha inspirado muchas historias paralelas. Después del centenario de su publicación, La guerra de los mundos es para algunos tan sólo la inspiración de Orson Welles para realizar su famoso programa de radio que sembró el pánico en la sociedad estadounidense. Es curioso que además de inmortalizada por el medio radiofónico, los hechos se hayan revisionado en distintas ocasiones en forma de película, documental o incluso de versión del programa radiofónico. Para muchos otros, la Guerra de los Mundos es tan sólo una película de los años 50 que no pasaba de ser correcta.

La trama de la novela es bastante simple y se ha repetido en todas las películas que han tocado la invasión alienígena de la Tierra. Los extraterrestres llegan con malas intenciones, destruyen todo lo que se les pone por delante y cuando parece que todo está perdido, un pequeño detalle salva a la Humanidad. No importa en exceso que sea un virus biológico, un virus informático (¡¡¡!!! - Independence Day) o una canción extravagante (Mars Attacks, aunque esto era parodia), la Humanidad se salva casi siempre.

Muchos consideran que Wells ayudó a difundir la idea del extraterrestre malvado y sádico que tan sólo buscaba la extinción de la especie humana, sin embargo la novela de Wells es un clásico y a muchos preocupaba la forma en la que la abordaría Steven Spielberg. Puede que la razón principal de esta preocupación se sustentantese en el hecho de que este director ya haya retratado a los marcianos buenos o movidos por la curiosidad en películas como ET o Encuentros en la Tercera Fase. Que esta vez abordase una visión destructiva de visitantes de otros planetas preocupaba a muchos.

Por otro lado, la novela de Wells es una lectura fundamentalmente de la adolescencia. Puede que el recuerdo de aquel texto estuviese un tanto ajado, pero algún sustrato permanecía y los sueños de la adolescencia no deberían ser violentados. Desde luego que no lo son.

Spielberg se olvida del tratamiento del extraterrestre y da protagonismo al ser humano, a su capacidad de superación y supervivencia. Tom Cruise hace aquí de padre completamente desastroso que tiene que recibir consejos de su hija pequeña para poder tratar con su hijo adolescente. Se nos ofrece el retrato de una familia desestructurada que tendrá que enfrentarse a la destrucción impuesta por los marcianosy por lo tanto a la necesidad de permanecer unidos para tratar de sobrevivir.

Uno de los principales puntos flacos del guión propuesto por esta película es el marciano en sí mismo. Los marcianos llegan a la Tierra, deciden que quieren conquistarla y entierran a las máquinas que utilizarán en su conquista. Son muchos los miles de años que han estado esperando para realizar su conquista y deciden hacerlo cuando los seres humanos son muchos y están razonablemente adelantados tecnológicamente. Porqué no hacerlo con el Imperio Romano, por ejemplo. Para qué enterrar las máquinas, ¿no las hubiesen hallado los hombres cuando trazaron las líneas de metro o las eléctricas? Desde luegoque el contexto del Siglo XIX propuesto por H.G. Wells era mucho más indicado que el del siglo XXI, pero claro que Wells tan sólo imaginó el contexto de una invasión extraterrestre en la sociedad en la que él vivía.

Uno de los aspectos que no desentonan en el film son los efectos especiales que se ajustan perfectamente al guión sin robarle protagonismo ni tornarse excesivos. Por supuesto que nos creemos que el marciano emerge del suelo, nos creemos que con sus armas infernales desintegran a los seres humanos (¿Ceniza homenaje al Holocausto?), nos creemos que vencen en las batallas, nos creemos que nos recolectan para alimentarse, que se adentran en el sótano de las casas, probablemente la mejor parte de la película, con un Tim Robbins paranoico que borda el papel.

Pero si bien Spielberg mantiene el tipo durante toda la película, nos da un final que si bien es el esperado cae en la ñoñería. Si las ciudades han sido devastadas, ¿cómo demonios encuentra a su mujer justamente en el punto que esperaba encontrarla? ¿Cómo es que se reencuentra la familia, abuelos incluidos, cuando se ha producido una masacre? ¿Cómo el hijo después de abandonar a su padre para luchar con el ejército de los EEUU contra los invasores, vuelve a casa sano y salvo?

Para mí, no cuela. Y tal vez sea lo más reprochable a esta película que en términos generales es bastante correcta. Puede que un final truncado pero esperanzado hubiese sido lo mejor para esta película que se deja ver y mantiene cierta fidelidad con la novela. Recomedable a pesar de sus distintos puntos flacos.

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Getting any es una de las primeras películas de Takeshi Kitano, hoy por hoy considerado un director de culto del cine de Japón. Su titulo viene a traducirse como “pillar cacho” y en esa idea se basa el universo del protagonista.

Con un estilo surrealista y cercano al humor de películas tipo “Agarralo como puedas”, Kitano nos aborda con una serie de gags humorísticos a cual más garrulo. El personaje sueña siempre con situaciones donde una mujer se abalanza sobre él para poder tirarsela, desde en un coche hasta en un avión. Por ello, intenta comprar un coche y la sucesión de anécdotas van desde atracos al banco hasta robar a un viejo.

Pero como toda película surrealista, pasa a seguir más situaciones inverosímiles, como el intentar ser actor (donde se parodia el samurai, y la película-serie Zatoichi), o la de encontrar un tesoro, hasta pasar por asesino a sueldo para la mafia (con muchos gags tipo cartoons, como la bomba; o parodiar el cine de yakuzas).

Kitano hace acto de presencia como un científico loco de la Asociación del hombre invisible. Así a nuestro loco protagonista lo vuelven invisible y el aprovecha la ocasión para acceder a los baños públicos de las chicas, además en este tramo de película se parodian a “Los cazafantasmas” o “La mosca”, pasando a parodias del cine de monstruos muy enraizado en Japón.

Como veis, es un género no muy abordado por Kitano y nos encontramos quizás con la película menos conseguida de él, ya que su humor a veces es demasiado seco o no muy logrado, y su duración tampoco ayuda mucho. Por lo tanto, no la recomiendo para personas que quieran adentrarse en el mundo de Takeshi Kitano, pero es una curiosidad para allegados a su cine.

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Robert Rodríguez y Frank Miller se vuelcan con la conversión al cine del famoso comic del mismo Frank Miller: Sin city.
El comic consiste en historias diversas que suceden en dicha ciudad, todas ellas son violentas, con mucho sexo y centradas en el género de novela negra o policíaca, creando así la personalidad literal del pecado en la susodicha ciudad. El uso del blanco y negro en el dibujo, sus historias y el buen hacer de Frank Miller encumbraron la obra.

Ahora nos llega la película, donde se cuentan tres o cuatro historias sacadas del comic. Todas ellas están rodadas impecablemente, muy fiel al comic, utilizando una técnica de ordenador para seguir la estética de blanco y negro del comic. La voz en off esta también en la película, los personajes son calcados, las historias fidedignas, quizás falta el sexo que se encuentra en el comic, pero la violencia del comic también está presente en gran medida…

Pero pasa lo de siempre, esto es una película y no un comic, y no hay que transcribir una cosa que funciona bien en el comic de forma calcada al cine, porque es otra forma de arte y puede que lo que funciona en una no sea lo mismo en la otra (por ejemplo en literatura y cine con Harry Potter).

Transcribir el comic paso a paso no ha hecho más que dejarla con carencia de personalidad, carente de feeling y que al final se muestra aburrida. Todo muy bonito, muy buena técnicamente, planos impecables, caracterizaciones de los personajes muy buenas (estéticamente hablando claro), etc… pero le falta inspiración, le falta ritmo narrativo y algo más que contar, tan solo se queda en una sucesión de posturas, tiros, chicas bonitas y poses de policías que lo pasan mal y mucho estereotipo… en definitiva otro envoltorio de caramelo.

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Cuando sales de la sala del cine, la pregunta que te asalta es: pero, ¿qué has hecho Scarlett? Ya estábamos acostumbrados a que Ewan McGregor le preguntasen si estaba contento con el resultado de las películas de Star Wars (Segunda Triología) y él hiciese referencia a su saldo bancario para no tener que abordar el tema. Pero podríamos haber esperado algo más de Scarlett Johansson

Y es que esta Isla se aleja de los trabajos realizados por Johansson previamente, una película de demasiada acción en la que no son necesarias demasiadas dotes interpretativas después de superada la primera hora en la que la película es medianamente soportable e incluso interesante. A partir de ahí, los dos actores se dedican a lucir palmito, correr de un lado para otro como posesos y poco más. El culpable podría ser el director Michael Bay (Pearl Harbor) al que comienza a escapársele la película justamente cuando es necesario que se comiencen a rebelar distintos aspectos que envuelven a los personajes, cuando los acontecimientos se van desencadenando uno tras otro y el espectador espera el conflicto de alguna forma. Conflicto que no llega a producirse de la manera deseada.

Esta película posee ciertas reminiscencias de películas como La Fuga de Logan e incluso posee algo de Matrix, incluso podríamos haber esperado una trama similar a Un mundo feliz de Aldous Huxley, sin embargo todo se convierte en un total despropósito muy pronto. De repente, pensamos que los famosos marines Seals tienen muy mala puntería, además de ser un tanto inoperativos, que es relativamente sencillo escapar de cualquier situación aun no habiendo conducido un vehículo, incluso aéreo de reciente invención, jamás. La policía es completamente inoperante y no es capaz de hacer ninguna acción medianamente operativa que no sea estorbar o morir, y que cualquiera puede destrozar cualquier cosa en cualquier momento sin que nadie se de cuenta que realmente está sucediendo.

Pero, en cualquier caso, el arranque es prometedor, un sueño que se convierte en pesadilla, un lugar alineado, completamente controlado, y de repente un fallo en el sistema. Falta una zapatilla en el armario, la izquierda. Obviamente, el protagonista se alarma, algo ha fallado y avisa del fallo. Posteriormente, una visita a la vida de aquellos que encerrados esperan una oportunidad en forma de lotería para ir a la Isla, una promesa de paraíso total y absoluto donde todo es paz, tranquilidad y vida.

Pero más allá de las apariencias, del lugar controlado donde estos habitantes desarrollan su vida, un mundo exterior más inquietante se nos va rebelando lentamente, primero la policía existe, además de obreros que mantienen el funcionamiento de todo el sistema para aquellos que son elegidos puedan acudir a la Isla. ¿Son los elegidos una especie de casta superior a aquellos que se manchan las manos de aceite y grasa?

No, de ninguna manera. Los elegidos son especimenes muy especiales y caros, creados con un único propósito de servir de piezas de recambio. Cuando son necesarios se les reclama y mueren, pero mientras tanto viven en un breve lapso de tiempo plácidamente y con escasas preocupaciones salvo la meta que tienen que es que les toque la lotería. Pero si uno de ellos descubre la realidad y decide escapar… No sucede nada, matamos y destruimos a todo el que se pone por delante y asunto solucionado.

Y es esto lo que es una lástima, convertir una película que debería haber sido una reflexión sobre el ser humano en una película de acción, persecuciones y explosiones. Entretenida pero poco más.

Por otro lado, la Isla será recordada por mucho tiempo por su product-placement completamente ridículo, además de forzado y demasiado obvio. ¿Para qué quieren los habitantes calzar una determinada marca de zapatillas o jugar en una determinada plataforma de videojuegos si no van a pagar por ella? ¡Ah! Que tenía que ser yo el consumidor… pues va a ser que no.

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