Esta película transcurre en 1949, en la Viena bajo el control de las fuerzas militares de las cuatro potencias victoriosas de la II Guerra Mundial.

Holly Martins (Joseph Cotten), un joven escritor americano de novelas del oeste, llega a Viena, sin un dólar en el bolsillo, para reunirse con un antiguo y buen amigo suyo, Harry Lime, que le ha ofrecido un trabajo. Pero al llegar descubre que Lime ha muerto en un extraño accidente de tráfico.
Intrigado por las circunstancias de la muerte de su amigo y por las acusaciones del jefe de la policía militar británica, el general Calloway (Trevor Howard), que lo describen como un hombre sin escrúpulos metido en asuntos muy turbios, decide permanecer en Viena para descubrir la verdad sobre su muerte y limpiar su nombre, cómo uno de los protagonistas de sus novelas.
Así contada, puede parecer una película como tantas otras. Pero con un guión del gran novelista británico Graham Greene (1904-1991), evidentemente, la historia no podía ser tan simple y la forma de contarlo tampoco.No pienso destripar aquí nada más, sería imperdonable. Sólo voy a resaltar que la intriga y las persecuciones, típicas de este tipo de películas, se entremezclan con un sentido del humor soberbio que redondea cada escena.
Todo esto, con una música inolvidable y en un escenario único: la auténtica Viena de posguerra, ya que la película se rodó en localizaciones reales, mostrando así las ruinas de la ciudad destrozada por los bombardeos, sus cafés y clubs nocturnos, el gran parque de atracciones del Prater y los kilométricos alcantarillados de Viena.
Si a esto le añadimos que cada personaje está perfectamente definido y representado por unos fantásticos actores, entre ellos un Orson Welles impresionante, está claro por qué este clásico está considerado como una de las mejores películas de la historia del cine.