Caprichos

Written by Dylan's Dog in Scripta Manent

Soñé que estaba en casa, mirando a través de una ventana, observando un gran solar donde los niños bajaban a jugar al caer la tarde acabado el colegio. A mi derecha, una vieja casa guardaba en su jardín un pequeño panteón, desconchado, abandonado, repleto de malas hierbas. Atardecía ya, aunque los niños proseguían sus juegos con sus balones, las niñas charlaban en corro, chillaban y reían. Puede lo que viese fueran otros tiempos que se perdieron.

De todos aquellos despreocupados niños, me llamaron la atención dos de ellos, corrían frenéticamente, entrecruzándose con el resto, como si quisieran derribarlos, pero no lo conseguían. Sus vestidos grises traspasaban los cuerpos que jugaban y hablaban, estaban vacíos. Ante aquello, decidí hacer una fotografía a esos dos extraños que no cuadraban en tal cuadro, pero hice varias a su semblante mortecino y se percataron de ello. Me miraban.

Emprendieron su marcha, esta vez hacia mi casa, esta vez hacia mi. Llegaron a la puerta y aunque era consciente que acechaban mi puerta, no les abrí. Sin embargo, ellos entraron gracias a sus cuerpos vaporosos, intrigados por aquel que los veía tal como eran y que, de alguna forma, los aceptaba. Finalmente, se quedaron en mi casa, traté de comprender sus almas errantes que jugaban en un mundo que dejó de corresponderles hacía mucho. Al principio, fui comprensivo, pero los niños son caprichosos y lentamente fueron volviéndose más agresivos. Querían más de lo que les podía dar en vida.

Al final, comenzaron a torturarme como sólo los niños saben hacer. Me daban frío cuando hacía frío, calor cuando hacía calor, no me dejaban pensar en su capricho histérico, lloroso. Después, comprendí que ellos lo que realmente querían era mi vida, algo que perdieron hacía tanto tiempo. No deseaban que los comprendiese, que les hablase o que los consolase. La situación se complicó en tal grado que todo parecía perdido, convertido en pesadilla, encadenado, pero el destino quiso darme una segunda oportunidad y deshacerme de aquel estorbo.

Simplemente, desperté.

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Piel y huesos

Written by Dylan's Dog in Scripta Manent

Aún meces tu rubia cabellera cuando paso de largo, tal vez esperando que tenga el efecto del pasado. Era entonces cuando los hombres jóvenes y maduros se detenían ante tu limpia mirada, seguramente lejana de las atribulaciones del ahora que tanto te pesan. Te seré franco y te confesaré que de ti no sé nada, no sé de donde vienes, aunque me es fácil imaginar día a día por dónde andas.

Mientras, te veo cada noche de camino a casa, junto a tus compañeras de penas, puesto que alegrías pocas te quedan. Ya sé que no anhelas aquellos sueños que te embargaban, ya no aspiras por aquello que aquel joven te prometió, desapareció a la vez que el futuro se emborronaba cada vez que te colocabas. Te siento como un suspiro en la noche, arriesgándote a bajar de la acera, esperando que alguien aparque a tu vera, le ofrezcas placer fugaz y te apresures a quemar el poco dinero conseguido con tu cuerpo a acallar tu ansia.

Ese síndrome que se adivina en tus pómulos pronunciados, tus mejillas arrugadas, tus ojos grandes y toscos, tu sonrisa podrida, tu cuerpo arruinado y tu vida desperdiciada. Te has convertido en piel y huesos, vendiéndote por nada, buscando ese pico que apague el fuego que te corroe, que te hace olvidar lo que una vez  fuiste y tuviste. Sí, nos dijeron que la vida es jugar la partida, pero tú apostabas mientras perdías.

No sé cómo te llamas, sólo que transitas por una calle de camino a casa, pero mientras que tú olvidas tu vergüenza, yo me avergüenzo de tratar de olvidar que no sirve de nada.

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Tristeza

Written by Dylan's Dog in Scripta Manent

Ya no te llevé rosas y no me sentí culpable. Te busqué de nuevo entre las diversas filas, pero hoy ya no estaba solo y no me esforcé. Subida a una escala había una muchacha que sollozaba. Las lágrimas que corrían por sus mejillas las recogía con sus manos que las trasladaban a su boca para mandar un beso a un joven rostro que inmutable sonreía a la vida desde una fría fotografía de porcelana. Puede que cuatro meses no sean suficientes, es posible que sean dos años demasiados. Traté de hallarte de nuevo consiguiéndolo, no te habías ido aún, no creo que te vayas. Pero descubrí algo nuevo, aquella misma sonrisa en tu cara y acompañé a aquella mujer en el dolor. Aunque mis lágrimas estaban ya vacías de no sentir tristeza.

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