"El capitán Alatriste"Como ya dije, la película Alatriste no me pareció una mala película, tenía fallos en su realización, es cierto, pero no me parecía que no mereciese al menos de una oportunidad. Así que si la película abarcaba al menos cuatro de los cinco libros que Arturo Pérez-Reverte ha dedicado al soldado de los Tercios de España durante el denominado Siglo de Oro bajo el reinado de Felipe IV, ¿por qué no aventurarse con la lectura de, al menos, el primero de ellos?

El libro es breve, unas 200 páginas, pero aún habiendo visionado la película, dispone de muchos elementos para crear tensión, algo que su versión cinematográfica apenas conseguía, y no necesariamente en duelos en las que las espadas toledanas estuviesen desenvainadas. Me refiero, por ejemplo, a las entrevistas de Diego Alatriste con el pérfido Bocanegra, mientras que la última con el Condeduque de Olivares no puede tener más elementos para desconcertar al lector sobre el pobre destino de Alatriste.

Porque si bien el capitán, que no lo es a pesar de haberse ganado el apelativo, es un hombre que vende su espada y, porqué no decirlo, su vida por un montón de maravedíes, un hombre sin escrúpulos deduciremos, también es cierto que dispone de cierta educación y rectitud moral de soldado curtido en múltiples batallas en las que el honor también era un elemento en juego. Así que, además de visitar los barrios bajos del Madrid del siglo XVII, Pérez-Reverte otorga a su espadachín de cierta educación y honorabilidad que le permite codearse con los escritores Francisco de Quevedo o Lope de Vega, ampliando el plano de aquella sociedad que se encontraba al borde de una crisis económica y social.

Pero en el libro disponemos de mucho más, puesto porque además de los escarceos de Alatriste, asistimos a una forma de hacer política en la que los matrimonios eran necesarios para mantener las alianzas entre los países, y por ello de la paz, mientras que otras manos trataban de que estos, ya de por sí bastante frágiles ya que los enlazados apenas se conocían, sufrían los envites de segundas e incluso de terceras manos a las que no les agradaba que se fuesen a producir.

Un libro muy entretenido en el que el escritor no duda de utilizar su característico estilo hosco y embrutecido cuando es necesario.

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"A sangre fría"Mi padre me compró el libro A sangre fría en una época que estaba completamente enganchado a Stephen King. Como podréis imaginar, entonces no pude apreciar en su justa medida el gesto de mi padre para que leyese literatura de verdad, sin querer desmerecer el trabajo de King, y para que fuese abandonando aquel género.

El libro ni fue leído entonces ni en los años sucesivos, a pesar de dejar ya las lecturas del escritor de Maine y comenzar a leer algunos clásicos como Crimen y Castigo de Fiódor Dostoyevski - Posteriormente, leyendo algunos libros de King me percataba muy claramente de las intenciones de mi padre, hay escritores y escritores - . Sin embargo, tal y como ya dije en mi breve reseña de la película Truman Capote el inicio de su lectura, un tanto casual todo sea dicho, me sirvió de acicate para ver la cinta y así poder situar en su justo contexto a este libro que no me ha dejado indiferente.

Es cierto que en su inicio su lectura es un tanto trabajada, a mí no me interesó mucho, sin embargo visto lo visto es comprensible que cuando fue publicado levantase el revuelo que generó. Truman Capote inició un nuevo género con esta primera novela de no-ficción, como se acuñó a este tipo de novelas, en la que hizo una enorme labor de documentación para poder situar a la familia primero y a los dos asesinos después tratando de explicar algunas de sus razones, si es que las llegaron a tener, a la hora de cometer aquel crímen real.

Me parece muy curioso el hecho de que Capote describa situaciones que él mismo protagoniza con el término "un periodista" cuando es obvio que en la ejecución era él quien intercambiaba impresiones con un alguacil. Pero es que hay mucho más, fue él quien se entrevistó con los presos y fue desvelando sus vidas tratando de escucharlas en primera persona y, sin embargo, rechaza totalmente ese primer plano para dejar que la historia nazca y muera sin que él parezca intervenir.

Según se afirma en el final de la película Truman Capote, el escritor no pudo acabar jamás ninguno de los otros libros que inició completamente traumatizado por los hechos que vivió sobre el caso. Es cierto que el escritor vivió un tremendo desgaste emocional puesto que trabó cierta amistad con los dos presos y les ayudó en lo que pudo para atrasar la ejecución de su pena de muerte. Esto le condujo a enfrentarse a sí mismo, puesto que a él lo primero que le impulsaba era escribir y acabar su libro, lo que le había llevado muchos años y esfuerzos, aunque posteriormente se descubrió siendo uno de los pocos amigos que aquellos prisioneros tuvieron durante su estancia en la cárcel.

Respecto al libro, es fácil percatarse de que no se trata de una novela al uso. Los hechos se relatan tal y como cronológicamente sucedieron, sin necesidad de realizar flash-backs mientras se nos van revelando los avances de la investigación y las andanzas de los dos asesinos. Finalmente, son detenidos por una simple casualidad - porque no habían dejado ninguna huella ni pista en el lugar del crimen -, su proceso penal y las distintas alegaciones que presentaron para tratar de zafarse de la pena máxima. En definitiva, un libro que es mucho mejor disfrutarlo si comprendemos su contexto y el revueló que provocó en su momento, pero que en ningún caso desmerece su lectura.

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He de confesar que la lectura de Alamut ha sido un tanto trabajosa, pero el no abandonarla definitivamente mereció la pena. Escrita a mediados de los años 30 del siglo XX, su autor pensaba más en las dictaduras imperantes de entonces - Hitler, Stalin o Mussolini - que en el Islam a la hora de redactarla. Partiendo de la recreación de secta de los ismaelitas organizada por Hassan Ibn Sabbah, Bartol nos ofrece una historia descarnada en la que el líder recurría al lavado de cerebro para el envío de sus fedayines en el cumplicimento de misiones suicidas. He de indicar que de la denominación a sus seguidores, los hashishin parte el término asesino  que está bien implantada en varios idiomas.

Pero volviendo de nuevo a la historia, la acción se desarrola en tres partes diferenciadas. Por un lado, tenemos la historia de los jóvenes fedayines que son entrenados para su máximo sacrificio, por otro las jóvenes que forman parte del harén de Hassan y, finalmente, la historia política y bélica que desempeña el propio Ibn Sabbah. Bartol nos muestra cómo todo forma parte de un engranaje, Hassan adiestra en su fortaleza Alamut a sus jóvenes guerreros para que se conviertan en creyentes fervorosos dispuestos a ganarse los favores de Hassan y de esta forma el paraíso; en la parte posterior del Alamut, Hassan recrea su paraíso particular al que enviará a sus jóvenes fedayines selectivamente y previa consumición de sustancias psicotrópicas. Dentro de su paraíso, harén para sus guerreros, enseña a las jóvenes huríes en el arte de la seducción y del amor para que satisfagan el deseo de los jóvenes que sólo las visitarán una vez; mientras él se dispone a realizar una guerra contra sus enemigos políticos conjugando todos estos elementos.

El engranaje funciona a la perfección ya que los guerreros no dudarán en apuñalarse en el pecho o lanzarse desde una torre con el sólo deseo de su amo y en la búsqueda de las huríes del paraíso, sin embargo el camino no resultará sencillo y los problemas no dejarán de aflorar en los que Hassan siempre saldrá vencedor por una circunstancia u otra.

Lo considero un libro muy interesante para adentrarse en el mundo islámico del siglo X y acercarse la figura de Hassan Ibn Sabbah. Bastante recomendable.

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