No direction home: Bob DylanNo cabía ninguna duda que tarde o temprano tardaría escribiendo sobre este documental de Martin Scorsese sobre el Genio de Minnesota. Este documental abarca los inicios de Bob Dylan como cantante desde su infancia en Duluth, pasando por su vida en Nueva York, llegando hasta la gira de conciertos que realizaría por Europa y, particularmente, en Reino Unido.

No Direction Home: Bob Dylan está compuesto por dos DVDs. El primero de ellos es el más trabajoso de visionar puesto que Dylan nos conduce a su adolescencia y a sus raíces folk de los años 50. Se trata de un relato muy detallista por lo que puede resultar un tanto aburrido, incluso para fans incondicionales, tras una hora y media de duración. Sin embargo, el segundo DVD resulta más interesante y entretenido, relatando la grabación de su primer disco, sus contactos culturales con los poetas de Nueva York de principios de los 60, su momento contestatario junto Joan Baez, su negación como figura icónica tras variar la orientación de las canciones, su deseo de electrizar su música, los conflictos con los seguidores al considerar que había traicionado sus raíces folk, su estrellato y, finalmente, su absoluto hastío por el éxito y la repercusión que su música había llegado a tener.

La buena aceptación del documental, que salió directamente a edición DVD aunque fue presentado previamente en algunos festivales de cine, que basa su composición en imágenes de la época junto con entrevistas actuales de los protagonistas incluido Dylan, está haciendo que Scorsese se esté planteando producir un nuevo documental justo en el momento que éste se abandona, cuando Dylan inicia su retiro de cinco años tras la larga gira por Europa. En cualquier caso y, de momento, ya tenemos confirmación que el año que viene tendremos un nuevo disco.

Pero si finalmente el nuevo documental llega a materializarse, visto lo visto, esperemos que disponga del mismo nivel que el primero que desde luego merece la pena.

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Ayer vi Bowling for Columbine. Es posible que yo fuese uno de los pocos que no fueron al cine a verla en su momento (Atención: Un documental exhibido en un cine comercial, un punto para Moore), ganas no me faltaron, pero uno va encontrando otras ocupaciones y preocupaciones y lentamente olvida que el documental está en cartel, hasta que finalmente desaparece. ¿Y qué podría hacer yo? ¿Esperar a que la echen por la tele? Pues no señor.  Sinceramente, me alegro de no haber ido al cine y haber pagado la entrada. Sé que es un tanto arriesgado afirmar esto puesto que mucha gente que la vio estaba encantada con ella, sin embargo he de decir que este documental no me ha aportado nada. La cinta tiene un arranque impactante. Michael Moore acude a un banco para conseguir un rifle. De hecho es que se lo relagaban por abrir una cuenta bancaria, en España dan relojes de momento, aunque la escena ya de por sí rocambolesca se convierte en humorística cuando le hacen rellenar un formulario en el que se le preguntaba si era deficiente mental. Ya sabemos que los formularios estadounidenses son un poco rocambolescos, como el famoso que se realizan en los aeropuertos tras el 11-S: ¿Es usted terrorista? Aquel también lo era, sin embargo posteriormente todo comienza a decaer, a hacerse lineal, tratando de abordar muchos temas, sin llegar a nada. Agua de borrajas. Moore utiliza los asesinatos del Instituto de Columbine para adentrarse dentro del aprecio que tienen los norteamericanos por la posesión de armas. Sin embargo, no nos indica ni nos guía hacia la comprensión de ello. Comienza señalando que es sencillo obtener armas en Estados Unidos, que el culto a las armas de fuego proviene de la segunda enmienda norteamericana [Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas], pero en ello se queda. Vemos imágenes de los dos adolescentes de Columbine disparando dentro del Instituto, nos muestran llamadas a los servicios de emergencia que se realizaron desde el instituto aquella mañana, recogen testimonios de chicos que estudiaron con aquellos dos adolescentes que acribillaron a gente que veían todos los días y, sin embargo, poco más podemos saber de ellos. Sabemos que jugaron a los bolos aquella mañana antes de acudir al instituto, y sabemos que se suicidaron antes de que la policía entrase en el edificio. Pero, ¿qué más hay debajo de todo ello? Desde luego que el documental tiene momentos brillantes como la entrevista al cantante Marilyn Manson que fue endemoniado por la sociedad estadounidense porque los estudiantes lo escuchaban, pero como se indicó en el documental también jugaban a los bolos. El acceso a las armas les facilitó aquello que hicieron aquella mañana, sin embargo debería haber mucho más dentro de la psicología de aquellos adolescentes que decidieron realizar una misión suicida en su instituto sin objetivo aparente. El último ejemplo expuesto por Moore, el de un niño de seis años que mató a una compañera del colegio en Flint simplemente porque en casa había un arma que se llevó a clase, también está un tanto vacío. El arma era de su tío, su madre tenía que pasarse todo el día fuera de casa para trabajar, y sin embargo el niño consiguió el arma y se la llevó a clase. ¿Su madre podría haberlo evitado si no hubiese estado trabajando? Finalmente, la entrevista que Moore tiene con el presidente de la NRA es un tanto lastimosa. Primero porque Charlon Heston es un anciano y obviamente fue conducido a Columbine y a Flint después de los asesinatos porque el cargo (Léase poderes fácticos) le obliga a ello, pero no parecía muy orgulloso de lo que hizo entonces. Moore no nos aporta datos sobre Heston, porqué es presidente de la NRA, si es de extrema derecha, quién le apoya, porqué seguir con la causa, etc. Moore encadena hechos y datos, pero nada más, no profundiza, no llega a la raíz ni nos muestra las historias tal como sucedieron. Se queda en lo impactante, lo obvio y la superficie. Sinceramente esperaba más de algo de lo que se habló mucho.

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