Ya dije aquí mismo que el libro no me acabó de gustar, que sí, que era muy interesante en su principio, pero que su desarrollo coleaba miserablemente en una larga agonía hasta ser completamente decepcionante. En el texto, Dan Brown jugaba con el factor sorpresa sobre la posible relación entre Jesús de Nazaret y María Magdalena y cómo la Iglesia Católica había ido desarrollando el papel y el protagonismo de la Magdalena a lo largo de la Historia. Sin embargo, aquí no hay espacio para los golpes de efecto, siendo desnudada la trama completamente, dejando a la luz lo que resulta ser y era un relato anodino y sin fuerza.
A El Código da Vinci Ron Howard no consigue aportar carga dramática y durante los largos 140 minutos de la proyección, la historia se hace tediosa tanto para los que leyeron el libro como para los que no lo hicieron. Por otro lado, la película es despojada de todos los elementos incómodos que existían en el libro, centrando la mala acción del Opus Dei sobre un único personaje, el obispo Aringarosa, lo que no sucedía en el libro donde esa carga de culpa era más etérea.
Por otro lado, las interpretaciones dejan mucho que desear. Tom Hanks y Audrey Tautou permanecen impasibles durante toda la película. El primero frunciendo la ceja en pose yo no debería estar aquí, mientras que la otra pone caras de circunstancia mientras trata de comprender algo. Esa falta de alma de sus dos personajes también lastra la película puesto que no consiguen convencer en ningún momento. No así Ian McKellen con su Sir Leigh Teabing o Paul Bettany con su monje trastornado, Silas, que son lo más destacable de la película. Otro elemento problemático se presenta a la hora del doblaje de los personajes, demasiado artificioso en el caso de los actores que interpretan el papel de franceses.
La historia también ha sido modificada en algunas partes, la bibliotecaria de Londres desaparece, por ejemplo, y la consulta a las bases de datos de la biblioteca se realiza a través de un móvil (!), y fundamentalmente el final que no dispone de la posible carga emotiva que se buscó en el libro. Por otro lado, la creación de tres finales distintos lastra un tanto la película que debería haber sido resuelta en dos partes, lo que hace que los espectadores se revuelvan en las butacas con un Esto no se acaba nunca.
Resumiendo, una película aburrida, sin sorpresas y sin tensión cuyo final se modifica hacia los gustos estadounidenses (Happy Ending mejor todavía). De un libro malo, no se puede sacar algo bueno, claro. Yo no la volvería a ver, pero sé que vosotros no me haréis caso.