De todos es conocida la estupenda película de Hitchcock “El hombre que sabía demasiado” (The man who knew too much), rodada en 1956 y protagonizada por James Steward y Doris Day. Lo que no todos saben es que esta película es una segunda versión de una historia que el propio Hitchock había rodado en 1934, en su etapa británica.
Mi afición por las primeras versiones y mi curiosidad por ver cómo el mismo director había tratado dos veces el mismo tema, me llevaron a buscar esta versión del 34 y comentárosla aquí.
La trama inicial se desarrolla en Suiza, donde una familia británica, Bob y Jill Lawrence y su hija Betty, pasan sus vacaciones. Allí entablan amistad con un francés, Louis Bernard, que cuando muere asesinado, les revela que realmente es un espía y que deben hacer llegar cierto mensaje a la embajada británica para evitar que un alto dignatario extranjero sea asesinado en Londres, lo que desencadenaría el comienzo de una guerra mundial.
Pero los asesinos al darse cuenta que los Lawrence poseen dicho mensaje secuestran a su hija para comprar su silencio. Éstos tienen que enfrentarse ante la difícil decisión de elegir entre la vida de su hija o la del hombre que morirá asesinado, por lo que emprenden la búsqueda de Betty para salvarla e intentar evitar además el atentado.
Como se puede apreciar, el argumento es prácticamente el mismo que el de la segunda versión americana, cambiando Suiza por Marruecos, una hija por un hijo, y el desconocido (para el gran público) matrimonio de la primera, Leslie Banks y Edna Best, por los muy conocidos James Steward y Doris Day. Pero el estilo de las dos películas es completamente diferente.
Los personajes tienen unos caracteres completamente distintos: una esposa frívola en apariencia y un marido aburrido en la primera versión, frente a un matrimonio americano tradicional en la segunda; y en esta versión del 34, cobran gran protagonismo los “malos” de la película, sobre todo el personaje interpretado por el siempre estupendo Peter Lorre.
También el desarrollo de la trama difiere bastante, siendo la versión del 56 mucho más inquietante y “realista” y la del 34 más divertida, por su ingenuidad y su sutil humor británico. Eso sí, la impresionante escena del atentado es prácticamente la misma en ambas versiones, incluida la canción que es la pieza clave de la escena.
En conclusión, la segunda película es indudablemente mucho mejor que la primera, pero ésta vale la pena de ver aunque sólo sea por comparar, por las dos escenas que trascurren en la iglesia (en este caso, de una especie de secta), por Peter Lorre y, sobre todo, por no tener que oír a Doris Day cantando “¿Qué será, será?”.
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