Joel y Ethan Coen disponen de una filmografía bastante peculiar, arrolladora y donde los personajes caricaturescos, sublimes, dantescos e infernales pasean de forma peculiar por cada una de sus películas. Aunque últimamente habían perdido un ápice de la calidad de sus mejores películas. Ahora vuelven con “No es país para viejos” una adaptación al celuloide de la novela de Cormac McCarthy, autor que últimamente está en la boca de todos y no es para menos. Cormac es un escritor con muchas cualidades y en plena forma, de él también veremos otras adaptaciones al cine como “La carretera” o “Meridiano de sangre”.
Pero el film que nos ocupa ahora marca para los Coen un punto de inflexión, una renovación, una reinvención de algunas de sus particularidades artísticas. Las trazas de intertextualidad, de metalenguaje del cine que usan adecuadamente están bastante relegadas aquí. Sus formas de plasmar personajes excesivos, llenos de humor ácido o negro (como en Fargo) dejan lugar a unos personajes llenos de sobriedad, áridos, ajenos a cualquier juego referencial. Así pues, este cambio les ha venido muy bien, se han ceñido a un material ajeno para poder dar un cambio a su carrera y superarse a si mismos.
La historia entra de lleno en el subgénero de las road-movies, nos encontramos en Texas y un hombre llamado Moss (Josh Brolin) encuentra por accidente en el desierto un maletín con dinero. Pero esa sustancial suma de riqueza es buscada por diversa gente muy peligrosa, desde los narcotraficantes que lo han perdido, hasta un peligroso asesino llamado Chigurh (del que hablaremos más adelante e interpretado por Javier Bardem). Por lo tanto la historia gira en torno a Moss y su complicada huida con el dinero. Poco a poco se irá produciendo un duelo entre Chigurh y Moss de proporciones épicas, pesadillescas. Las consecuencias de esta descarnada persecución se deja notar por donde pasan con diversas víctimas.
Y un sheriff llamado Ed (Tommy Lee Jones) no hace más que llegar tarde a las escenas donde se han producido la acción. Llegando a verse impotente por como cambian las cosas, los valores que mueven al mundo y que deja de comprender.
Todo en “No es país para viejos” esta hábilmente construido, casi milimétricamente. Y como no, uno de los personajes más importantes es el propio paisaje, de una fisicidad patente en todo el metraje. Desde las panorámicas del desierto, ya sea en ese sol árido o frente una luna fría e impersonal hasta los moteles que iremos viendo. Pero además es tan palpable en los personajes como en sus emociones. Muchas de las escenas de tensión o de la lucha entre los protagonistas son mudas, dando protagonismo a los sonidos, los tempos y como digo esa claustrofóbica y patente fisicidad, llegando a unirse el entorno con los protagonistas. Y esto es algo que los Coen manejan de forma magistral.
Aparte tenemos a un magnifico asesino interpretado por Javier Bardem. Este fantasma implacable denominado Chigurh es otro de los elementos más acertados de la película. Porque es casi inhumano en toda la historia, la gente no sabe de donde es y cuales son sus complejas motivaciones. Como dice el sheriff, no es más que un fantasma, un ser que personifica la indiferencia del mundo, de la vida. “Las cosas de la vida no esperan por ti, eso es vanidad”, una vanidad que hace mella en el protagonista e incluso en el propio Chigurh (la escena del coche final), dándonos a entender que este mundo es cruel y sin concesiones, caprichoso hasta el extremo que no nos damos cuenta.
Otro apunte interesante es un hecho que sucede en el último tercio del film, algo atípico en el cine y que supongo que esta en el libro, pero que no dispongo aquí para no destrozar el argumento. Tan solo un pequeño apunte, desde las magnificas escenas de acción, como las conversaciones superficiales se encauzan hacia una forma de explicar el tema que subyace en el film. Algo que se aplica en el humor que se arrastra en muchas de sus escenas. Pero la principal es la aplastante aridez de la vida, de su poca compasión, de los caprichos sin motivación de ella (magnificamente recreada en el juego de la moneda, o en la conversación intrascendental de la piscina, que para nada es gratuita y entronca con la siguiente escena dándole un aplastante significado) y de cómo la vida gira de forma dura y que pese al monólogo final del sheriff dando un poco de esperanza, no deja de saber que esto no es país para viejos.
Los Coen han cogido un buen rumbo con este film, todos los actores están en su salsa, realizando Bardem un papel portentoso. Toda su trama esta llena de magníficas escenas de tensión, siendo todo un acierto la utilización de un lenguaje físico palpable. O los momentos de humor soterrados así como la dureza de muchos de sus argumentos. En definitiva, que la apuesta les ha salido redonda.

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Creo que te lo dije personalmente, pero cada día escribes mejor. Este blog se te va a quedar pequeño…
Exagerado … me vas a sacar los colores, por cierto algún día tendré que ponerme las pilas en cierto blog… ejem
Al César, lo que es del César