Soñé que estaba en casa, mirando a través de una ventana, observando un gran solar donde los niños bajaban a jugar al caer la tarde acabado el colegio. A mi derecha, una vieja casa guardaba en su jardín un pequeño panteón, desconchado, abandonado, repleto de malas hierbas. Atardecía ya, aunque los niños proseguían sus juegos con sus balones, las niñas charlaban en corro, chillaban y reían. Puede lo que viese fueran otros tiempos que se perdieron.
De todos aquellos despreocupados niños, me llamaron la atención dos de ellos, corrían frenéticamente, entrecruzándose con el resto, como si quisieran derribarlos, pero no lo conseguían. Sus vestidos grises traspasaban los cuerpos que jugaban y hablaban, estaban vacíos. Ante aquello, decidí hacer una fotografía a esos dos extraños que no cuadraban en tal cuadro, pero hice varias a su semblante mortecino y se percataron de ello. Me miraban.
Emprendieron su marcha, esta vez hacia mi casa, esta vez hacia mi. Llegaron a la puerta y aunque era consciente que acechaban mi puerta, no les abrí. Sin embargo, ellos entraron gracias a sus cuerpos vaporosos, intrigados por aquel que los veía tal como eran y que, de alguna forma, los aceptaba. Finalmente, se quedaron en mi casa, traté de comprender sus almas errantes que jugaban en un mundo que dejó de corresponderles hacía mucho. Al principio, fui comprensivo, pero los niños son caprichosos y lentamente fueron volviéndose más agresivos. Querían más de lo que les podía dar en vida.
Al final, comenzaron a torturarme como sólo los niños saben hacer. Me daban frío cuando hacía frío, calor cuando hacía calor, no me dejaban pensar en su capricho histérico, lloroso. Después, comprendí que ellos lo que realmente querían era mi vida, algo que perdieron hacía tanto tiempo. No deseaban que los comprendiese, que les hablase o que los consolase. La situación se complicó en tal grado que todo parecía perdido, convertido en pesadilla, encadenado, pero el destino quiso darme una segunda oportunidad y deshacerme de aquel estorbo.
Simplemente, desperté.
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