
Primero por el personaje y las circunstacias en las que se desenvuelve que marcó de una forma irremediable a la Europa del siglo XX, segundo para recordar qué fue aquello. Una de las críticas fundamentales que se hace a esta película es simplemente de enfoque, puesto que trata de revelar el lado humano del monstruo. A mi modo de ver, sin haberla visionado, es un buen enfoque. Podremos ver a un ser humano envejecido, enfermo (Sufría de parkinson, además de otras enfermedades), radical, cruel y paranoico (Veía ejércitos donde no los había y consideraba que iba a ser traicionado y envenenado). Un hombre que conducido por su ego no veía más allá de sus narices y de lo que le permitían ver.
No voy a entrar a juzgar la figura de Hitler, pero sería estúpido cargar sobre un sólo hombre toda la responsabilidad sobre lo que ocurrió en Europa durante la década de los años 30 y 40. Hubieron otros como Goebbels, Göring y Himmler (Todos ellos murieron por suicidio) que también movían el tapiz del régimen dictatorial de Hitler, incluso existió una cierta inoperancia desde EEUU, Reino Unido y Francia. Por otro lado, Alemania no hubiese alcanzado el III Reich si su pueblo no se hubiese revelado contra aquellos fanáticos que supieron conducir a aquel país ilustrado, democrático y culto hacia el peor infierno desarrollado en toda la historia europea.
Los alemanes acuden a ver esa película para encontrarse con un elemento tabú del pasado para tratar de comprender las circunstancias que los separaron, los reunificaron y les llevaron a formar la Unión Europea. No es ninguna tontería.
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