Clint Eastwood se ha convertido en un sinónimo de buen cine y, además, comprometido. Y es que la realización de esta película cuando EE.UU. se ha involucrado en una guerra, la de Irak, de la que le es muy difícil una salida satisfactoria, su revisión de la imagen de héroe, además de los propios demonios que son propios de toda guerra, no sólo es arriesgado profesionalmente, sino que se debe ser muy valiente y muy cuidadoso de la imagen a mostrar y la reflexión a transmitir. Pero parece que a Eastwood se ha abonado al riesgo y no sólo se ha encargado de la realización de una película sobre una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, Iwo Jima, es que se ha atrevido con el rodaje en paralelo de una segunda visión, pero en este caso la parte japonesa en Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima).
Hemos de señalar que el estreno de Banderas de nuestros padres estaba programa en España para el 17 de noviembre del año pasado, pero por una decisión un tanto extraña de la distribuidora se ha mostrado en las salas comerciales durante esta semana. Veremos qué sucede con la segunda película pendiente de estreno, queen Estados Unidos se estrenó el pasado 20 de diciembre, porque visto lo visto, acudiremos al cine para su visionado.
Sobre la película en sí, hemos de señalar que asistimos a los primeros momentos esperando ver un nuevo Salvar al Soldado Ryan, con la aparición de banderas enormes en honor a los EE.UU., pero no sucede así, ya que la película se inicia en un acto homenaje realizado durante 1945 a la colocación de la bandera en la que sus protagonistas, tres supervivientes de los hombres que la izan, sufren déjà vu contínuos por el efecto de las bengalas y los flashes de las cámaras fotográficas. Y es que más que una visita al desembarco de Iwo Jima, que es estupendo pudiendo ser comparado al de la película de Steven Spielberg, Eastwood se centra principalente en el maniqueismo al que se ven sometidas las imágenes y los que aparecen en ellas. Los héroes, los que son considerados y exaltados por la sociedad, no se sienten de ese modo, aseveran que simplemente estaban allí tratantando de ayudar a sus compañeros y sobrevivir. Los ideales de la guerra, la visión de la defensa de una nación, se descomponen en las batallas y los soldados sufren atormentados por sus visiones. Pero es que a todo esto, se le añade el olvido. Los que en un principio son alentados como héroes son fácilmente olvidados, pasados de moda, la sociedad no los reconoce como tales una vez pasado su momento fugaz y efímero, después de todo lo soportado, tienen que tratar de sobrellevar el abandono.
De este modo, asistimos a una película en la que se trata de profundizar aún más en la figura del soldado y su convivencia con el pelotón. En este caso, la imagen de la fotografía nos revela que son pocos los que consiguen volver enteros tras una guerra, que sólo su sentimiento de compañerismo les permite permanecer íntegros y que podemos ser manipulados tanto antes de una guerra como después de ella. Eastwood nos da una reflexión muy particular de la Historia utilizando para ello una fotografía degradada para facilitar la conexión con los efectos especiales, que son bastante espectaculares en algunos momentos, aunque lo que nos conmoverá será la historia de tres muchachos que no se sienten merecedores de las atenciones que están recibiendo.

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