Sinceramente, la primera vez que vi esta película no me gustó mucho. Me parecía demasiado larga, poco más de dos horas de duración, para retratar las aventuras del capitán Jack Aubrey y de su tripulación en su travesía por Sudamérica, mientras tratan de dar caza al navío de la armada francesa Archeron. Ahora que la he vuelto a visionar, la impresión sigue siendo la misma, pero, a pesar de ello, Master and Commander tiene muchos elementos positivos.
El principal es el tremendo retrato que se hace aquí de la vida dentro de un barco de guerra de finales del siglo XVIII y principios del XIX en el que los hombres podían pasarse años antes de volver a sus hogares, en el que las misiones podían consistir en tratar de dar caza a un solo barco (!) en cualquier parte del océano. Poco importaba que el barco a cazar fuese superior tecnológicamente, tenían una misión y la llevarían a cabo hasta el final puesto que para eso se la habían asignado. Puede parecer una trama un tanto tediosa, pero estoy seguro que el nivel de realismo que se ha buscado será uno de sus puntos fuertes entre aquellos que gustan de la Historia.
Sin embargo, la película no es muy ágil. Tenemos una sola localización principal, el barco y el océano, tenemos un solo enemigo, así que sólo tenemos un final. Puede parecer un poco plana, pero el hecho es que se enriquece con las visicitudes que se nos van mostrando en el día a día dentro del navío. Hay poco espacio para nada en ese abigarrado buque en el que se duerme al lado de los cañones, en el que el capitán cena con sus oficiales en su camarote y, sin embargo, deben convivir juntos durante muchos meses. Hay muy jóvenes marineros, a jóvenes guardamarinas que con sólo diez años se enfrentan a las balas de cañón y a los sables, disponemos de oficiales inseguros y cobardes que sufrirán las iras de la tripulación al considerarlo un gafe…
Pero sobre todo ello, la amistad del capitán con su médico, un naturalista que sólo desea ir a las Galápagos para capturar especímenes, que suele enfrentarse a su capitán por las promesas incumplidas, pero que sin embargo no dudará en negarse a ello si la misión está en juego. Interesante si nos dejamos atrapar por su belleza formal más que por su resultado final.

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