Cuando me enfrenté a la lectura de esta novela, que según la contraportada encerraba una “intriga sobrenatural” y que producía “terror escalofriante”, recordé algunas de mis lecturas de adolescente en las que los relatos de Poe me sobrecogían durante mucho más tiempo del que llevaba su lectura o, posteriormente, algunas historias de Cortazar, que todavía me estremecen cuando pienso en ellas.

Recordaba aquellas historias y la inquietud que me producían como una mezcla de placer y malestar. Malestar que, finalmente, me había apartado del género de terror. Pero decidí reencontrarme con este género con esta obra de José Carlos Somoza que, recomendada por uno de mis compañeros (al parecer, entusiasta seguidor de este autor) y regalada por otro, había pasado a formar parte de mi biblioteca.

En La dama número trece se entrelazan la vida de dos personajes tan dispares como Rulfo, un ex profesor de literatura, y Raquel, una prostituta sin recuerdos, que a través de un sueño común que los conecta con un crimen pasado, se adentran en una aventura terrorífica (para ellos), cuya finalidad no comprenden y en la que la pasión por la poesía del ex profesor y de la víctima del crimen parece ser la única conexión.

Ahondando en el misterio, nuestros protagonistas acaban enfrentándose con una terrible secta (tema que ya trató Somoza en su novela La caverna de las ideas, aunque sin llegar a convencerme) formada por trece damas, que inspiran a los poetas para lograr un perverso fin. Raquel y Rulfo, con la ayuda del doctor Ballesteros, al que acudió Rulfo para combatir sus pesadillas, y dos viejos amigos del ex profesor; terminan sufriendo, por su osadía, los terribles castigos que imparten las Trece Damas.

Hay que decir que la novela es lo suficientemente amena, y sorprendente en un principio, para pasar un rato entretenido (tras el primer capítulo, leí el resto del libro de un solo tirón), por lo que no desvelaré mucho más (aunque otros sí lo hagan). Pero eso sí, tampoco hay que esperar demasiado de ella.

Comencé la novela de noche, antes de acostarme como es mi costumbre, y en el primer capítulo el cruento relato que describía y que se transmitía a Rulfo a través de un sueño me produjo cierta inquietud. Previendo que ésta se acentuara a lo largo del relato (tengo demasiada imaginación y no me gusta tener pesadillas), decidí postergar la lectura para horas más luminosas del día. Pero la precaución era innecesaria, al igual que injustificada la expectativa que me había creado en leer una buena novela de terror.

Cuando al día siguiente reemprendí la novela me di cuenta que no era una historia terrorífica, ni escalofriante, ni tan siquiera excesivamente inquietante. Se reducía a un misterio que adentraba a sus protagonistas en una especie de submundo sobrenatural que se abría mediante la poesía y la fuerza que su recitación producía. La fuerza que desataba el “horror” en la historia era bastante original, pero la idea que subyacía y el camino que emprendían los protagonistas para salir de esa pesadilla en la que se habían convertido sus vidas, me recordaba a muchas otras historias.

Un punto a su favor es el cuidado estilo de Somoza: sus referencias literarias, aunque la poesía para mí es una completa desconocida; su cuidado vocabulario, desde luego mejor que la media en los best-seller de hoy en día; su manera de entremezclar los textos, entre la pura narración de los hechos y los pensamientos o sentimientos de sus personajes, o entre dos acciones simultáneas; la poesía que se encierra en los recursos estilísticos que utiliza Somoza y la poesía, en fin, que pretende ser el motor de la propia historia.

Pero por desgracia, se trata de un motor que no acaba de arrancar y una poesía que se pierde en un relato que, como sus protagonistas, llega a callejones sin salida de los que logra salir gracias a un “tirón” narrativo que nos arrastra por otras cincuenta páginas más. Y otra vez, y otra, y otra… Hasta llegar a un final en el que todo se resuelve, de manera bastante correcta, y un colofón realmente ridículo.

Desde mi punto de vista, la novela se queda simplemente en una correcta novela de género, pero teniendo en cuenta la originalidad de la trama inicial y la corrección narrativa, podría haber llegado a ser, simplemente, una buena novela… O quizá es que yo pido demasiado.

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