Este film de Schumacher tuvo que posponer su estreno puesto que coincidió el inicio de su promoción con la aparición de un asesino en serie que seguía las mismas premisas que en la película. Se trataba de un francotirador que desde un punto desconocido, pero con gran movilidad disparaba a víctimas al azar. No importaba si estaban repostando gasolina, si estaban detenidas hablando con el móvil. Disparaba y desaparecía con suma facilidad, se le llamó el Francotirador de Washington y cuando se le detuvo, se descubrió que disparaba desde el maletero de un automóvil habilitado perfectamente para no ser descubierto.

Pero volviendo a la película, en Última Llamada, Colin McFarrel es víctima de un francotirador que se toma su tiempo a la hora de escoger sus víctimas. De hecho, durante la película reconoce que ya ha matado a dos y Stu Sephard, el personaje de McFarrel, puede ser el siguiente. La película en sí no dura más de 75 minutos, duración corta si se compara con otras, sin embargo para mantener la tensión desde el minuto 10 hasta el final de la película y conseguirlo con cierta brillantez no se necesita más.

Desde luego, nos encontramos ante un producto de una correcta factura que no necesita grandes efectos, ni grandes trucos de guión para mantener al espectador clavado en la butaca, mientras trata de decidir qué haría él mismo si estuviese en la misma situación que Sephard. Correcto trabajo de McFarrel que mantiene el tipo en una película que se centra en un solo personaje dejando de lado la personalidad del francotirador ni porqué actúa de la manera que lo hace.

La verdad es que se hace un poquito corta, aunque peca de manufactura americana lo que es una lástima para no llegar a ser redonda.


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