
Éste es el segundo disco póstumo de Kurt Cobain y los chicos de Nirvana tras el MTV Unplugged in New York convenientemente lanzado tras el suicidio de la estrella. La idea de este álbum, según afirman los componentes que sobreviven, consistía en lanzar un disco en directo para mostrar a los fieles cómo sonaba el grupo en directo. Después de una primera escucha, uno puede pensar que el sonido es bastante pobre, que la edición no ha sido cuidada con el sufiente esmero para tener un producto de calidad. Que nadie se lleve a engaño, tiene razón, pero es un imperfección deliverada mostrando a Nirvana tal y como era, en toda su crudeza sin trucos ni artificios.
El resultado se encuentra perfectamente representado en From the Muddy Banks of the Wishkah. Nos encontramos a un Kurt Cobain en pleno estado de forma, tocando las canciones que encumbraron a uno de los grupos más significativos de la década de los 90 que definió el estilo grunge, sin perder en ningún momento la tensión vocal y musical de la actuación. Scentless apprentice, Lithium, Heart shaped box, Polly, Breed… si hubiese estado un poco más cuidado habría sido un disco imprescindible.
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